MISHA VASILYEV, primer escultor espacial

MISHA VASILYEV

El primer soviético en volar un dirigible fuera del planeta tenía solo  una cosa en mente: el arte.

En una gran pantalla se proyectó en la noche marciana el diseño de la obra de arte que a ojos de los escépticos parecía un absurdo y la nave flotadora que consideraban un gasto estúpid, pero que el buró de las colonias soviéticas del espacio definió como de vital importancia política.

El 1 de mayo del año 2.234 Misha Vasilyev se convirtió en el primer humano en volar una de estas naves en torno a un satélite natural de Marte. La base Gagarin vio despegar su dirigible espacial suave como un postre de huevos batidos, sobre la débil atmósfera marciana hasta salir al vacío. A diferencia de la tierra en donde los vientos pesados y la gravedad obligaban a un éxodo con enormes cohetes de combustión, marte permitía una tranquila salida.

El Dirigible-transbordador “Tereshkova”, llevó a Misha a salir de la atmósfera marciana a las 20:00 horas terrestres.

La nave tomó la órbita del Deimos, la luna que lleva el nombre del engendro de Ares y Afrodita, la mezcla justa de amor y guerra. Para muchos un meteoro atrapado por la atracción de nuestro hermano rojo. 

Un objeto que no para jamás de dar ciclos en torno a nuestro planeta hermano así como no dejaba de dar vueltas en la obsesiva y metódica mente de Vasilyev, desde hacía ya muchos años.

Con dos grandes cañones de rayos calóricos, especialmente diseñados por los ingenieros en Moscú para su dirigible, Misha disparó a Fobos con precisión quirúrgica, tallando, desgastando la roca espacial para hacer volar trozos y trozos de esa carne granítica que sobró al formarse una estrella desconocida y lejana. 

Poco a poco fueron apareciendo los rasgos faciales de una mujer en la roca que era esculpida por el ruso. Primero los ojos, luego la nariz, luego la boca, mentón…era su amada ideal, la misma por quien bautizó su dirigible cósmico.

Valentina Tereshkova, la primera mujer en el espacio, ahora era la primera homenajeada por el monumento máximo: un cuerpo celeste a su imagen.

Misha terminó al cabo de un día y medio de tránsito espacial. Instalado en su órbita marte lo hacía girar en su carrusel gravitatorio seguro, sin peligro de salir disparado a la nada y pudo dedicarse de lleno a su misión.

El cosmonauta regresó tras cuatro días terrestres. Su dirigible-transbordador era también una cápsula soyuz, capaz de maniobrar para retomar órbita e ingresar a la cosmo-colonia socialista.

Nunca volvió a la tierra y cada noche marciana brindaba con vodka por Valentina, mirando el cielo desde su departamento militar de Marte. El mundo alabó al artista espacial que cauterizó una luna para honrar a la primera cosmonauta. 

Yo también soy de mirar a los ojos // Un cuento mendozino para Literror

Maximiliano Contreras, nació en Tunuyán provincia de Mendoza Argentina, en el 2012 se le otorgó el 1° lugar en el concurso de micro cuento organizado por el instituto Rosario Vera Peñaloza, en el año 2016, obtuvo la 1° mención del certamen internacional de poesía en conmemoración a Pinocho organizado por el centro cultural KEMKEM de la provincia de Buenos Aires. Ha participado en revistas digitales de todo el mundo, aunque él prefiere publicar en América Latina.

Nos comparte en Literror un cuento inédito desde Argentina.-

Yo también soy de mirar a los ojos

Las casas viejas del barrio son las que tienen flores en la cerca que da a la calle y a las esquinas, cada vez que los chicos pasan para la escuela, le rompen las plantas a las vecinas que no se dan cuenta y pasan  desapercibidas porque acá crece tan rápido la naturaleza que apenas cortas algo nace dos o tres veces multiplicado por cien, en realidad no se dan cuenta hasta que van a regarlas, no dicen nada para no tener problemas con nadie. Han logrado vivir sin problemas, no van a hacer un mundo por poca cosa, y por más dificultades que tengan están en esa onda de amor y paz. Andan con eso de las energías y de que todo lo que das vuelve y se potencia y te condenan al infierno cuando le ensucias las veredas. Rezan en unos banquitos en la plaza cerca de la Virgen de la Rosa, mientras dejamos el camino sin flores y sin perfume para el mal olor, es que hace como diez mil días que nadie se baña, porque se pusieron de acuerdo en no pagar más la boleta del agua pensando en que bajarían la tarifa y sí, lograron eso, que les corten el servicio a todos.

En el verano es como que quema pero dejas las manos un rato en el asfalto y la piel se acostumbra al calor y no sé si será que se adormece o no pero no sentís nada. Varias veces me lavé las manos- después de lavar algunos tornillos del motor del auto- engrasado por la mecánica. No es que me gusté la mecánica  por necesidad tengo que cambiarle algunas cosas al auto y si no es por él en el día no almuerzo y no ceno, ni fumo, a veces fumar sí porque alguien me convida un cigarro, armado o de caja, sea como sea de vez en cuando fumo, echado para atrás en la hamaca que le compré a unos senegaleses, fumo como si no le debiera a nadie, así como si el mundo se estuviera cayendo arriba mío.

-Déjate de joder, y acompáñame a la bodega, allá necesitan uno que esté todo el día en la puerta, controlando quién entra y quién sale, capaz que vos podás.- al trabajo me lo había propuesto Nicolás, con Nicolás todo bien pero verlo en la casa y después verlo en el trabajo no me parecía lo más adecuado que pudiese yo hacer, acepté, y acepté tantas cosas, realmente me hacía falta la plata, o el dinero, queda mejor dinero, repito, lo acepté  me hacía falta el dinero.

Dije que sí, con la cabeza, en la boca revotaba una tostada con dulce de durazno que se desintegraba en cada lado de las muelas, y la lengua la llevaba para arriba y abajo, cuando acomodé la comida para hablar, me quedó una tutumba en el cachete, pero pude hablar, aunque no lo hice, la puerta ya se estaba cerrado, entonces agarré el celular para confirmarle que al otro día estaría allí a la misma hora que entran todos.

Fui, me bajé del colectivo a las cinco y media de la mañana, la bodega quedaba a algunas cuadras entonces lo mejor era dejar pasar el tiempo caminando, tampoco tenía mucho que esperar media hora no más a las seis tocaba la bocina el dueño para que abrieran la tranquera y detrás de él como mulas entraban todos, los operarios y demás.

Ese día entre todos iba yo, mirando al suelo, sacando el pañuelo porque el polvo de la tierra me hizo lagrimear los ojos.-

-Quédate acá un ratito que busco la secretaria.

-Sí, sí dale.

Uno cuando está ansioso tiene graves problemas de transpiración, decí que sudo sin olor sino que vergüenza el primer día del trabajo y que me manden a bañar o no me lo den por sucio, que vergüenza no por dios, asique así fue espere apoyado en una pared de adobe- ladrillo de barro secado al sol- esperé a que todos se acomodaran en sus puestos, una mujer coqueta, con una falda apretada al cuerpo que no dejaba ver mucho, era más tabla que la mesa donde almorzaba el jefe, me llamó con una seña de manos y quiso presentarme a todos los directivos, no estaba nadie, uno nada más que esquivaba la mirada cada vez que yo enfocaba mis ojos en él.

“Si querés que una persona se sienta inferior mirala a los ojos con potencia como que vos la tenés clara ante todo, así míralo, así con los ojos bien abierto como lechuzas”, ¿ sabés que mi abuela fue la del consejo?, cuando entre mate y mate amargo, me daba los consejos para que me presentara en lo que pude llamar mi primer empleo, ella me despidió y sacó ligero, subí al taxi y me fui como el perrito que sacó a patadas porque le ensució la casa meando las sillas de madera en la galería. Ese día no pude tomar el trabajo y me costaba veintitrés años más para que me encontrara en la misma situación, veintitrés años más para estar devuelta sin un peso partido por la mitad, para qué habré partido este billete de dos pesos y guardé la parte que menos valía, si no lo hubiese partido ahora lo tendría entero, como me dejo llevar por lo que dicen de la suerte y eso.

-Señor cuénteme ¿en qué en bueno usted?, ha tenido experiencias en bodegas o fábricas, en la portería? – No respondí lo único que hice fue deslizar mi carpeta de curriculum para que se cerciorara en todo. Mentí, no es que fuese el mejor trabajador, menos mal que no llamó a ninguna referencia y me estiró el contrato para que firmará.

-¿Firmo?- le dije.

-Sí, por favor y acompáñame a dar una vuelta.

Me mostró todas las instalaciones y cómo no podía seguir por el olor a vino, decidí pedirle la tarde para volver con más ganas el día siguiente, no sé porque me dijeron que bueno si yo nunca hice nada ni siquiera me conocían.

Caminé de regreso a la parada del micro y practiqué la técnica de mirar a alguien a los ojos, un niño de diez años jugaba en la calle cerca de la plaza y yo lo miré, me miró hasta que se incomodó de mí y desvió la mirada, también con un perro que salió a comerme los tobillos, ladraba hasta que miré sus ojos y más se enojó, me mordió y si no fuese por el dueño, ese día moría tirado en plena tierra. En el hospital me explicaron que si mirás un perro a los ojos más se enoja, y se embronca con todo. En la camilla y en la noche de observación que pasé, insulté a la pobre abuela del consejo que me dio esa tarde de veintitrés años atrás, al otro día obviamente ¿qué podía hacer en la bodega?, no me quedó otra que comprarme unos lentes oscuros, como para que no viera nadie  que yo también soy de mirar a los ojos.