Reseña literaria a “POLVO” de Hugo Lepe

“POLVO” de Hugo Lepe.

“Sin demora nos despojamos hasta del pasado y del futuro”

Por Karen Pesenti

Polvo es el quinto libro del prolífico autor Hugo Lepe, de quien se dice está dedicado a contar historias, Hugo posee una especie de alter ego como Hank, con la diferencia que Mateluna no es cool y patea a soledad, incapaz de ver malas intenciones, Mateluna lucha contra ellas, pues ya lo han llevado por sitios oscuros a los cuales no quiere regresar. Aun así caerá una y otra vez y de la misma forma continuara envuelto en una especie de eterno despertar, como aquellos sueños que despiertas y estas dentro de un sueño, Mateluna repetirá una y otra vez soledades, abandonos y desengaños, sin embargo el seguirá adelante siendo su soledad su única protección.

Las mujeres del protagonista pasan por su vida sin entender mucho el deseo de cambio o evolución que busca. Manifestado en algunos relatos cuando le piden corregir los cuentos de otro o siguiendo cuatro preceptos para limpiar su alma y poner fin al fantasma del alcoholismo que lo persigue, transformándose en una especie de rueda karmica. Motivo por el cual es probable que nunca veamos/leamos al protagonista vistiendo poleras a rallas con jeans azules y bebiendo colcacola, pero el tipo evoluciona, crece, lucha, y es aquí donde Mateluna no se puede comparar con Hank ya que nuestro héroe aprende a pesar de las patadas, él se vuelve un ser consciente con cada una de ellas haciéndonos consientes también, de las dificultades de la vida.

El autor por su parte es hábil al describir sensaciones volviéndolos muchas veces en una carga pesada la desolación del protagonista, las escenas sexuales ahondan mas en esas sensaciones, el vacio e incomprensión. Estos ocho relatos están escritos en un español neutro que nos permiten ver la procedencia social de Mateluna quien usa una mezcla de español vulgar con su equivalente culto.

Polvo podrá ser un libro de lectura fácil y ágil pero no deja atrás esa carga existencial de quien se sienta a ver pasar el día y ya no espera nada. Solo debo decir que me queda en la mente la imagen de Mateluna sentado en el asiento del copiloto después de follar mientras la chica de turno se “reporta” con su pololo diciendo que va por la carretera sola.

Editorial : Emergencia narrativa

Isbn 9789568688448

N paginas 124

Valor:$8000

Chile

VOTO INCONSCIENTE.

Por Vicente Rivera Plaza

Y el poeta se vio en las urnas electorales y blandió una vez más el lápiz y en silencio tomo por escudo su goma de borrar. Enfrentose al papel manchado por la codicia y el poder, el ego. Los elementos de la escena no son ajenos a la soledad de su escritura, entonces se hizo la vieja pregunta ¿se puede a punta de trazos editar la realidad?, ¿si el mundo no cabe en las palabras, podría un trazo contener la realidad? Al parecer el viejo sueño de las vanguardias aún vive en la democracia liberal, miren que una línea entonces es un arma cargada de futuro, parece que aun tenemos patria ciudadanos, parece que aun se puede transformar la vida en arte. ¿Cómo se puede llamar todo esto? ¿Minimalismo Radical? De todas maneras ya lo vio Martinez J.L., tachar tu propio nombre en el de otro, es como echarse encima una cruz, porque si un par de líneas cruzadas lo contiene todo, ahora entiendo la crucifixión. He aquí la panacea del arte -exclamo el poeta- tanta poesía reunida en un acto tan insignificante y vulgar, el arte del vulgo se encarna en esta performance electoral. Que como toda performance consiste en anularse a si mismo mediante gestos, en este caso el de trazar una línea vertical sobre otra línea horizontal predefinida, con el extraño propósito de diluirse a sí mismos en la masa orgánica del engendro Leviatán…

La incertidumbre de una angustia sin procedencia lo estremeció, mientras la TV anunciaba al nuevo presidente, la sonrisa era pérfida, de superhéroe yankie. Tomo su celular, se conectó a internet y escribió en el buscador: significado de soñar con poetas

Que pesadilla desagradable, pensó para sí. Pero aun no estaba despierto del todo.

Funa a Ricardo Latchman

Por Javier Arancibia/ Leído en el Literror del viernes 13 de otubre 2017. Literror Abya Yala.

¿Quién es Ricardo Latcham?, se preguntan

Un antropolólogo que dedicó su vida al estudio de los indígenas de Copiapo y Coquimbo”

te diría el viejo culiao facho que te hizo historia en el liceo

el que te enseñó más de Grecia, Roma y Egipto que de la historia del Wallmapu.

Quién es Latcham, les contaré yo ahora

que ya no soy yo, sino que soy Ulpar

guerrero del valle de Kopay Apu

combatí más de 30 años al Inca

y resistí con mi pueblo al WuInca

y no soy diaguita, soy Kopiapoche

aunque los historiadores rancios del museo y del centro cultural digan lo contrario

Ni las bacterias ni las armas de fuego me mataron

Pero hubo un error que hizo que me olvidaran

dejaron de escuchar a los cerros, al viento y al mar

y le hicieron caso a lo que un ingeniero inglés inventó.

Ricardo Latcham, fue el que me mató a mí y a tañi pu peñi ka pu lamgien

¿fue su error o su imaginación la que nos hizo desaparecer?

Quizás se equivocó cuando encontró un par de cerámicas en el suelo

y pensó que como teniamos cerámicas diaguitas eramos diaguitas

y nos puso diaguitas, ¡y nos convirtió en diaguitas!

pero no soy diaguita, soy kopiapoche

o acaso si en 500 años mas desentierran mi cuerpo pensaran que soy alemán

porque mi buzo y mis zapatillas son adidas ¿seré yo un alemán?

Pensar que eramos diaguitas por una vasija fue eliminar y menospreciar nuestra cultura

miles de años de adaptación a un medio tan dificil como el desierto

miles de comunidades sobre-viviendo con poca agua y pocos recursos

hace 10 mil años eramos molles y aprendimos a querer a la ñuke mapu

cuando tren tren y cai cai dejaron de pelear comenzamos a caminar por ella

y nos fuimos adaptando a cada uno de los desafios de la naturaleza

si llegabamos al mar nos haciamos pescadores, hasta guiro comiamos

cuando llegué a la montaña aprendí a cazar a los pumas y a los guanacos

porque no soy diaguita, soy kopiapoche

soy del kopay apu, soy del cerro azufre, no soy ni colla ni aymara ni quechua

no soy americano, no soy chileno, ni atacameño

y vine a denunciar este invento del “pueblo diaguita” del gringo Latcham

porque al gobierno le conviene que seamos un pueblo extinto

somos útiles si no tenemos idioma, ni territorio, ni creencias,

si nos olvidamos de la energía de nuestros ancestros en los cerros y en los ríos

y si creemos en que por ser indígenas el estado nos tiene que subvencionar

yo no quiero que mis hijos se identifiquen con un pueblo que no existe

y menos si lo hacen para poder tener dinero para aprender la cultura del conquistador

o para convertir en propiedad privada y transable a nuestro territorio

Yo no soy diaguita, soy kopiapoche

Nos tratan como imbéciles.

Nos tratan como imbéciles.

 

Por: Pajpaku.

http://www.24horas.cl/programas/elinformante/el-testimonio-del-chileno-que-vivio-en-el-regimen-de-corea-del-norte-2498498

El día miercoles 6 de agosto, en el El informante, programa televisivo conducido por el “gran” periodista José Miguel Astorga. Escuché 2 minutos al fotógrafo Ramiro Lavin, que “informaba” sobre la extraña forma de vida en Corea del norte. E impresionantemente se asoman las mentiras en el lente de su mirada, en su discurso, cabe destacar que me detuve un instante en está entrevista, puesto que se publicitaba en facebook con el megatitular de: en corea del norte la mujer vale nada.

En su delirante semimonologo, el fotógrafo afirma algo que me deja perplejo: “no vi mujeres embarazadas”. Entonces de inmediato me pregunto ¿qué quiso decir con esto?,  ¿cuánto tiene esta afirmación de preocupación por las mujeres, de ser verdad lo que el tipo “no vio”?, ¿Cuánto de maltrato real y menosprecio a la mujer hay, en el hecho de que “no hubiesen mujeres embarazadas en Corea del norte? ¿Qué mensaje se trata de transmitir con este vulgar montaje televisivo? Este es el violento uso que hacen los medios, de la violencia. Con esto el canal nacional, agrede a las mujeres que luchan por su justa valoración. Entonces, ¿Dónde se esconde el verdadero discurso del gobierno al respecto, y su labor mediante la institución SERNAM?. Está si es una clara agresión a la reivindicación feminista.

Y no me interesa defender a un país del cual sé prácticamente nada. En principio no me importa corea, sea la que sea, del norte, del sur. me importa lo que nos tratan de meter en la cabeza. A todas luces Ramiro miente y con el los panalistas. Se ríen de nuestra inteligencia, nos ven como imbéciles. Ellos los que denuncian son los que menosprecian y agreden a la mujer, porque utilizan la sensibilidad que genera la violencia contra la mujer y he allí la peligrosa careta de “los denunciantes” .

 

“NO VI NINGUNA MUJER EMBARAZADA” el nivel de la afirmación me hace pensar en un ready made o remake de “LOS COMUNISTAS COMEGUAGUAS”. Como escribió M. Foucault en El orden del discurso: no hay nada nuevo en lo que se dice, sino en el acontecimiento de su retorno.

Analicen ustedes las preguntas del panel. Sigan con atención el registro y se reirá patéticamente de ustedes mismos. Esto me supera y me quita toda esperanza, no sé porque mierda pierdo el tiempo escribiendo esto. Quizás, porque sólo destacaría la estética ficcional de este absurdo, muy cercana a la poética Literror:

“Sacan las lucas del opio, hay que decirlo. Es por eso que están locos”

Ramiro Lavin. Fotógrafo chileno. (todo un artista de la imagen y el espectáculo)

Contra el progre discursillo pro migración

Por Ratania, leído en Literror 3 años 

Ustedes dicen de ellos

  • Que trabajan duro
  • Que son esforzados
  • Que son necesarios
  • Que traen comida
  • Que traen bailes
  • Qué lindo el negrito
  • Que mira ese pelo
  • Qué rico ese manso culo
  • Que el mito del negro trípode

Mientras que nosotros, así renovamos, que nuestra población envejece.

Ustedes lo dicen, pero yo no, porque decir eso es hacer que todo lo que es natural y creación intuitiva, se lea ahora como una vil mercancía.

Es cosa de pensar un poco para ver lo utilitarista de su discursillo, que les hace sonar tan progre e inclusivos. ¿No ven acaso que el migrante “trabajador esforzado” es eufemismo para decir “mano de obra barata”, “muerto de hambre que funciona perfectamente como otra pieza del engranaje de la explotación”, del engranaje que permite la circulación de las mercancías pero no de las personas?

Al parecer desconocen que el ser humano siempre se ha movido, que la así llamada legalidad es una construcción con cimientos en el estado-nación moderno, que supuestamente es internamente fluido, pero que de todas maneras es externamente rígido e impermeable.

¿Por qué no defender solamente el “derecho” a migrar, la acción de desconocer límites ideológicos, políticos, la acción de moverse y de conocer el mundo que siempre ha sido parte de la humanidad?

Los muros materiales son fáciles de botar, no así los muros de las ideologías progre y sus parámetros de la normalidad. Esos muros que nos hacen olvidar que el mundo no le pertenece a nadie, y por eso nos pertenece a todos, y como tal se vuelve responsabilidad de todos. El mismo mundo que se está pudriendo, pero que por las fracturas está siempre renaciendo, creando su pequeño ecosistema, vidas que las visas del poder no van a matar.

¿Y qué es eso del certificado de nacimiento, sarcasmo hecho papel para decir (no) pertenencia,  falsa pertenencia, como si nuestra mera presencia no fuera la validación del hecho de que existo, que existes? El papel y el timbre que crea la ilusión de que algo de algún territorio te pertenece, pero que no, no te pertenece porque no eres parte del uno por ciento, ni del cinco, ni del diez.

Yo no necesito tu certificado, tu pasaporte, para saber que somos y estamos, que no eres el buen salvaje, que no eres un otro exótico al que le miraré la piel y el pelo, que simplemente eres, potencial del bien, potencial del mal. Tu pertenencia sólo corresponde a tus actos, y tus actos me dirán de qué lado estás.

Y si hay una cosa que alabarle al migrante del que hablo es la valentía de salir de lo conocido, de asumirte paria antes de partir el viaje, algo que pocos pro migrante progre alguna vez se atreverán a hacer -o mejor dicho, nunca tendrán necesidad de hacer.

Me niego al discurso utilitarista, a cualquier certificación de la pertenencia.

La observación de la herida (un cruce entre la manifestación escritural de Gonzalo Millán y Manuel Rojas).

Por: Joyce Olavarría R. // foto: Gonzalo Millán en un programa de TV en los 70’s  http://www.memoriachilena.cl

La herida es íntima, la cicatriz se hace visible … todo lo que  podamos conocer será observado desde el recuerdo insistente de la cicatriz que tapiza la profundidad de la herida. “No se olvidará la herida/ La cicatriz nos dejará señalados” son los últimos versos que escribe Millán en el poema 64 de La Ciudad, pero ¿dónde nace la herida? ¿dónde es que nos topamos con la apertura del dolor? Las preguntas no se responden con verdades absolutas, por tanto, en un intento de solo sentir, retumban las lecturas que se manifiestan con distancia, las cuales abarcan el dolor, la herida, la cicatriz y la muerte como temas recurrentes en distintos escenarios. En este caso el cruce del fragmento ubicado en la Segunda Parte de la novela Hijo de Ladrón de Manuel Rojas y el poema 64 de Gonzalo Millán esclarece una visión íntima y colectiva sobre un mismo tema: la herida, la cual transita en la memoria de dos textos alejados por algunas décadas, pero que manifiestan en sincronía lo humano del dolor proyectado en este símbolo.

De este modo, Rojas describe dentro de su novela el peso que se mantiene al lidiar con la herida, convirtiéndonos por esencia en “enfermos de una herida real o imaginaria, aparente u oculta, pero herida al fin […]” (Rojas 96). Hay en la experiencia cotidiana de la vida una marca, que desde la perspectiva de Naín Gómez es la muerte, y luego agrega que funciona como aquello que traemos desde el nacimiento donde las heridas superficiales son también simbólicas, no se pueden sacar. Esto plasmado en cada muerte o enfermedad en el personaje de Aniceto,ya que la herida es la carencia y el personaje intenta cerrarla como puede, con el hambre, con el amor, etc.

Por otro lado, la herida de Millán es prácticamente una tortura, está presente en todo ámbito, no hay manera de abandonarla, es la herida propia que se comparte con el otro bajo un contexto determinado “La herida no se cierra/ La herida sangra en secreto […] La herida no deja dormir / La herida no deja vivir” (Millán 108). Hay en este poema una sentencia que se puede leer desde nosotros mismos y para nosotros mismos, desde los habitantes de la ciudad, ya que “La ciudad toda está herida” e incluso desde el personaje de Aniceto Hevia y el simbolismo de su propia herida mencionada anteriormente, pues tal como menciona Grínor Rojo en Las cuatro vidas de Aniceto Hevia, “la existencia es siempre una existencia herida” y cruza la existencia universal.

Con el paso del tiempo y bajo los contextos de producción de ambos autores, nosotros mismo hemos quedado señalados. Lo íntimo y lo social se mezclan en la angustia del peso histórico, pues las condiciones en que estas voces transitan se reproducirán una y otra vez mientras sigamos siendo oprimidos, ya sea por un tirano (que al mismo tiempo está igualmente herido: “La herida verde del tirano hiede / Se murió su herida / Su herida se pudrió / El tirano es un cadáver en vida” (Millán 110) o por la misma herida de la existencia:

“Si naces con ella puede suceder que sea pequeña al principio y no te moleste demasiado, sin que podamos descartar la posibilidad de que desde el principio sea grande y te impida hablar o caminar, pongamos por caso, todo ello sin tener en cuenta el lugar en que nazcas, que puede ser, un conventillo, una casa o un palacio.” (Rojas 92).

Entonces imaginemos que tenemos una herida, porque en la realidad convivimos con ella; para unos de forma más superficial, para otros se esconde y se abre y se cierra con la facilidad del paso del tiempo y luego la cicatriz recuerda el ardor de los días, inhibe ternura, busca compasión y vuelve a empezar, “Le preguntan cuándo hasta cuándo dónde” (Millán 110) pero ni el “Sol y viento, mar y cielo” de la libertad de Aniceto Hevia pueden descifrar hasta dónde se expande la herida, cuántas son las cicatrices de los habitantes del territorio, cuál es la profundidad de la marca, cuán pronta es la muerte de los personajes que nacimos bajo la herida, pues aún existe la esperanza que plasma Millán, de que “La herida sanará con el tiempo” y “Los heridos de muerte morirán”,o simplemente continuaremos afectados por el constante hurgueteo del dedo en la llaga que palpa la angustia de esa boca y cambiaremos los vendajes todos los días, porque:

“Tan horrorosa tan extendida es la herida. / Nadie se explica cómo sobreviven. / Son una herida. / La herida es todo cuanto tienen. / Cuanto les queda. Cuanto les permiten tener. / La herida denuncia. / Prohíben mostrar la herida. / La herida los identifica. / Por la herida se reconocen. / La herida los une. / La herida es una consigna. / Aprieta los dientes. /Aprieta los puños. / La herida es una desgarrada bandera.” (Millán 110)

 

El ruido en Ruido

Por: Fernanda Pavié

Una de mis insatisfacciones más apremiantes ha sido no poder dar con las palabras precisas para referirme certeramente a aquellas impresiones que me quedan pululando sordamente, inaprensibles. Cuando lo intento, solo consigo decir aproximaciones lejanas que vuelven más subterráneas aún esas impresiones indecibles. Luego queda la sensación categórica de saberme tartamuda, junto con la melancolía de ver condenadas a la soledad a todas aquellas maneras tan personales y entrañables de entender la realidad. Si no se dicen,  están condenadas a perderse. Tantas bellezas tristes, eufóricas y parsimoniosas ya se habrán perdido por no dar con la palabra justa.

Me consuela pensar que todos aquellos que escriben lo hacen para intentar mitigar esa misma insatisfacción, para poder capturar la impresión específica de cada realidad. Tal vez esa pretensión es un fracaso en sí mismo: siempre que se intenta decir la huidiza experiencia necesariamente se escapan otros detalles que quedan relegados al anonimato. Y, nuevamente como una cadena de nunca acabar, esos detalles que no se alcanzan a decir conformarán otra nueva masa amorfa por desenmarañar.

Puede ser que a la hora de valorar una obra, en muchas ocasiones la crítica literaria termina siendo bastante limitante, justamente porque no suele reconocer las posibilidades que proporciona la escritura de decir aquella realidad que pasa subrepticia. Quiero pensar que en verdad sí lo hace y que para sistematizar esa lectura identifica todo discurso de fluidos corporales con una escritura feminista; cualquier nostalgia, como una literatura de la infancia; toda escritura hecha desde una posición periférica, como una subalterna y poscolonial; atisbos de melancolía y enajenación con  referencias camufladas a la dictadura. Y no sigo más para no seguir ridiculizando, puesto que ya de este punto se ha hecho cargo una columna de opinión sobre las modas literarias que salió hace un tiempo[1].

Ruido de Álvaro Bisama es una novela que podría ser perfectamente susceptible a todas esas lecturas, pero que, al mismo tiempo, ha sido una de aquellas que me ha permitido descifrar verbalmente una de mis tantas impresiones escurridizas, en este caso sobre un lugar: Villa Alemana. Después de haber pasado allí toda mi segunda infancia y adolescencia es inevitable no haberme construido una representación personal de ese lugar. Una representación que presentía una realidad específica, pero incapaz de descifrar cuáles eran esos aspectos que la hacían específica.

Esa misma inquietud también se ha establecido hace décadas en torno a lo específico latinoamericano. Hay una realidad común que se distingue de otras y que impone la necesidad de ser definida. Incluso, autores como Gabriel García Márquez y Alejo Carpentier han manifestado sus intuiciones sobre lo latinoamericano en lo real maravilloso. Sin embargo, esa interpretación ya ha sido cuestionada: el afán de definir lo específico de

un lugar se hará siempre desde una posición ideológica, por lo que no se puede pretender construir una definición total. En ese sentido, según Rodríguez (2012) Latinoamérica ha sido definida desde una estética que complace los intereses occidentales: el clásico estereotipo europeo, según el cual es la tierra virgen y fértil, en donde como si nada suceden eventos inesperados a la vuelta de la esquina, está al servicio de encubrir la violencia o de sublimarla en lo maravilloso. Esta interpretación es perfectamente aplicable a la fundación de Macondo en Cien años de soledad y Santa Mónica en Los pasos perdidos, ciudades en que se exploran las posibilidades para determinar lo latinoamericano.

Si me pregunto por lo específico de Villa Alemana que se representa en Ruido, me doy cuenta de que lejos de encubrir la violencia de su asentamiento, se intenta decir la experiencia que aún no tiene nombre; se intenta rescatar aquello que para cualquier versión oficial permanecería como un residuo, un incómodo detalle. Y para ello se reapropian y reactualizan personajes –como el vidente-, lugares –como la micro-, signos perdidos en la ciudad –como los esténcil de la liceana- que terminan constituyéndose como mitos y terminan constituyéndola como metáfora de todas las provincias chilenas. En este sentido, como enfatiza el narrador, Villa Alemana puede entenderse como una “caja de resonancia” de lo que ocurre en el resto del país en un determinado momento histórico y político. Sin embargo, los mitos que conforman la ciudad son capaces de sustraerla de cualquier contingencia y mantenerla impávida ante el ritmo de la modernidad.

Es por ello que resulta difícil describir Villa Alemana en términos simples, porque los términos que se ofrecen desde una intersubjetividad central no bastan y solo queda una manera fragmentaria de decir lo que se escabulle entre sus grietas. De manera tal que queda cristalizada como una ciudad mutante, cuya fragmentariedad se manifiesta incluso desde el momento en que se erige sin ninguna fundación concreta, puesto que “nadie iba a quedarse aquí” (23). Es por ello que “nunca tuvo una Plaza de Armas porque no fue necesaria” y su extensión “era una distancia que podíamos recorrer en bicicleta” (65). Su distribución espacial estaba organizada “por una costra de viviendas y casas quinta y locales comerciales y escuelas con cancha de tierra, que se edificó en torno a una estación de trenes” (23).

En lugar de una Plaza de Armas, la ciudad pareciera proyectarse desde la línea del tren, pues a partir de ella se asientan sus fundadores, aunque en realidad ni siquiera tenían la intención de serlo. El hecho de que la línea del tren sea el punto inicial es significativo en tanto que desde un comienzo imprime a Villa Alemana el carácter de ciudad de tránsito, del ir y venir desde el puerto al pueblo, lo cual redunda en la imposibilidad de caracterizarla con una cualidad fija y de atribuirle el título de ciudad mutante. En este perpetuo tránsito resulta difícil que se consolide un proyecto de ciudad, ya que “cuando todos se iban, el lugar quedaba vacío y se convertía en una ciudad habitada solo por niños y ancianos, entregada a los rituales de la siesta, rodeada por un muro de cerros tristes y secos que dibujaban el único horizonte posible” (23).

A diferencia de la manera en que se representa la realidad latinoamericana, por ejemplo, en Cien años de soledad, en Ruido el origen y la realidad villalemanina se representan como un hecho nada espectacular, incluso como un hecho accidental e improvisado. No tiene un mito fundacional que pueda explicar su realidad. Esa carencia de mitos deja la puerta abierta para que estos se desborden ante cualquier suceso inaudito. Así ocurre con la aparición del primer personaje del pueblo: el astrónomo que predice el acercamiento de un planeta de fuego hacia la tierra y el fin del mundo. A partir de este personaje, que no alcanza la categoría de figura mítica, se dan a conocer otros que van conformando el paisaje de Villa Alemana: el mendigo hippie que había matado a sus padres; el indigente que antes de serlo estudiaba arquitectura y enloqueció por el consumo de drogas; y claro está, el vidente. Su figura adquiere consistencia tanto por su extravagancia como por el contexto histórico y político en que se inscribe. Y es recién con su construcción mítica cuando se da lugar a una fundación simbólica de Villa Alemana, pues en ese momento es cuando su realidad puede ser representada y explicada.

El mito en torno al vidente y la ciudad se construye en un contexto político autoritario en el que se obliga a tener solo una representación de la realidad si no se quiere arriesgar la vida. El mito, por tanto, suscita la posibilidad de desbaratar esa realidad impuesta y afirmar que “la Virgen es una superchería, una farsa, un engaño que ha atraído a la gente, desesperada por alguna revelación que los sacara del horror o el tedio” (81). Lo mítico en el vidente radica, entonces, en el hecho de que un niño huérfano, tan a la deriva como su propio pueblo, haya sido quien lo sacó del anonimato con una situación tan inaudita como una revelación mariana. Y así se van sucediendo uno tras otro evento mínimo pero extraño. Todos ellos tienen en común la suerte del vidente: que desde un punto particular y precario logran propagarse por el mundo, para luego volver a su punto de origen ya no como anécdota, sino como figura mítica. Así ocurrió también con la banda nombrada como la planta psicodélica que puede ser encontrada como maleza en las veredas del pueblo, La Floripondio, que luego de haberse conformado en las tocatas de “la micro” se va de gira a los escenarios europeos.

Ante todas estas figuras míticas creadas para mitigar la abulia de las tardes estáticas, es inevitable que en Villa Alemana no se constituyera un micro mundo: “conquistamos el centro, que era una versión en miniatura del mundo” (86). Esta versión tiene sus miembros que comparten una sensibilidad similar. El narrador dice: “Aprendimos a reconocernos a la distancia: una fuerza de gravedad común nos atraía a lo lejos” (86). Y como en un buen micro mundo, sus miembros han construido una “mitología ahí, con esos pedazos, con ese sonido” (87). Esos pedazos, ese sonido corresponden a la fragmentaria composición de la realidad, lo que aún no se puede nominar pero que se reconoce como el “ruido”.

¿Y qué nos dice el ruido? Aún no consigo descifrarlo, pero está instalado en mí como un perpetuo telón de fondo. El ruido va y viene, el ruido es distinto en cada lugar, pero sigue siendo ruido. Algunas veces se pone a sonar más fuerte, como cuando en la punta de un

cerro al norte de Italia veo la estatua iluminada de una virgen recubierta de oro. Pero lejos de emocionarme su imponencia, me quedo absorta en la sombra de su silueta inmensa que se proyecta en el cielo nocturno y nublado, una verdadera aparición, la misma que quisimos ver en el Monte Carmelo de Peña blanca.

[1]  Véase: http://www.revistaintemperie.cl/2015/12/22/modas-literarias/.

Enfrentarse al género [lírico- femenino] y a sus nuevas figuras desde lo cotidiano de ser mujer y escribir un par de líneas

Por:  Joyce Olavarría

Muchas mujeres juntas cantan a esto:
una está en la fábrica de zapatos maldiciendo la máquina,
una está en el acuario cuidando una foca,
una está, indolente, tras el volante de un Ford,
una está recibiendo el dinero en la caseta de cobro,
una está amarrando el ombligo a un becerro en Arizona,
una está a horcajadas sobre un cello en Rusia,
una está cambiando las ollas sobre la estufa en Egipto,
una está pintando color de luna las paredes de su recámara,
una está muriendo pero recuerda un desayuno,
una se tiende sobre su estera en Tailandia.
una le limpia el culo a su hijo,
una mira por la ventana del tren
en el centro de Wyoming y una está
en cualquier parte y algunas están en todas partes y todas
parecen estar cantando, aunque algunas no puedan
dar la nota.

Dulce peso,

en la alabanza de la mujer que soy

déjenme usar una mascada larguísima […]

AnneSexton, En alabanza a mi útero

Hace un tiempo me comentaron que unconocido de años, más un grupo de hombres que suelen definirse como poetas, performistas, homosexuales, defensores de etnias y feministas, había estado hablando sobre que “está de moda escribir y ser mujer”, su discurso en realidad era algo así como:si eres mujer, entonces ponte a escribir porque eso se lleva ahora, sobre todo en el tema de los premios o las publicaciones,porque el jurado premiará a una mujer para quedar bien, tienen más posibilidades de ser editadas hoy más que ayer …a lo que yo me pregunto ¿premios? ¿qué premios?, y bueno, en lo de las publicaciones … entonces debo pensar que las mujeres que estoy leyendo actualmente fueron editadas por ser ¿mujeres?. Me sorprendí, pero no tanto en verdad, ya que con el paso del tiempo y con el ir y venir de semanas frecuentando lecturas en bares o eventos varios, me di cuenta que el discurso no está muy lejano a la realidad. Yo, que no me defino por escribir sobre la “reivindicación del género” como le dicen algunas amigas, me he puesto en total estado de alerta ante esta situación. Sorprenderme de un pensamiento machista, no, ese no es el punto, pero hacer que jugamos a la perfección con el lenguaje escrito, pero luego en el discurso oral del día a día manifestar posturas altamente contradictorias, me está empezando, por decir lo menos, a asquear. Esto no significa que no se pueda – como todo ser humano –ser contradictorios, pero hay un límite en lo burdo, lo ridículo e incluso burlesco de estas formas  irrespetuosas de la convivencia tan cínica que llevamos.

 

Cuando nos autodenominamos “artistas” de esta o aquella índole, “comprometidos”, vendiéndonos gracias a tal o cual discurso, es que deberíamos tener especial cuidado. Llamarnos disidentes del patriarcado y hacer comentarios misóginos ya sea contra la pareja, la hermana, la madre, el trauma (causado por las mencionadas anteriormente) o la escritora que está sobre el escenario leyendo; hablar de igualdad de género, pero querer emborrachar a la muchacha que comienza a frecuentar el bar de turno después de lecturas poéticas; hablar de igualdad de género, pero reivindicar la figura masculina homosexual por sobre las demás; jugar con todos estos términos para sentirse parte de la disidencia, encajar haciendo notar que no encajas, que eres un vanguardista, es de lo más común que me ha tocado ver (no podría decir solo el último tiempo) sino en realidad desde los inicios de la experiencia personal con el medio literario. Con esto no pretendo generalizar a todos aquellos que escriben, ni encasillar solo al género masculino, pues es más bien, repito, la idea del sentirnos superiores en distintas formas, detrás de distintas máscaras, predicando el amor por la literatura y la poesía, cuando lo primordial ha sido promover el ego y la superioridad intelectual, moral o tan solo de influencias. Ese es el foco que me preocupa realmente, el que me pone en alerta y me ha llevado a dudar si seguir en esto de escribir un par de líneas. Eso más que el sexo del cuerpo desde el que se proyectan estas palabras destinadas al desastre; con lo cual tampoco me encierro en una exclusividad del medio poético, pues debe ser similar en todo tipo de artes, humanidades, disciplinas, etc. Sin embargo, se escribe con mayor propiedad desde lo que se conoce y esta ha sido, insisto, mi percepción personal ante el caso del sentirme sujeto-objeto de la misoginia proveniente del escritor.

El uso de la escritura en sí mismo es un espectáculo permanente, íntimo o público, se utiliza la escritura para liberar la idea que ronda en las cavidades más diversas de la existencia de cada uno, pero entonces ¿es necesario más show?¿es necesaria la competencia de quien es más complejo (y vuelvo al término “disidente”) en al “ambiente cultural”?

Como figura femenina que tiende a ser vista en un principio como objeto para luego ser desechado con fuerza por demostrar algún tipo de desinterés ante la imagen masculina dominante, o por mostrar algún instinto masculino que desconcierta a la figura externa que quiere y desea el poder, es que comencé a elaborar una reflexión interna sobre la imagen popular que se tiene del gavilán dentro de las demostraciones de dominio tanto sentimental, como tan solo referente a las relaciones de “compañerismo” escritural. Pero este gavilán ya no era el macho patriarcal del que se suele hablar en las conversaciones de los patios universitarios después de leer algo de feminismo entregado por alguna académica que al mismo tiempo está igual de oprimida por el poder de alguna institución, sino que es un nuevo gavilán que no utiliza el sistema patriarcal en su discurso, al contrario, lo hace su enemigo, se enfrenta a los “discursos de poder” para finalmente utilizar esa figura a su favor, posicionarse en un circuito artístico “posmoderno” que al mismo tiempo reniega del posmodernismo, y así logra mimetizarse entre la gente,ser el más dulce gavilán que es incapaz de arremeter contra el género, porque desde el mundo que ha construido, se estaría atacando a sí mismo. Hasta este punto es increíble como al leer las palabras anteriores, sé que habrá más de un lector que me encasille con algún adjetivo o creencia, postura, etc. sin leer realmente lo que se quiere entregar, una visión íntima sobre la lucha de poder por figurar, que se ve exacerbada por la imagen masculina dentro del mundo de las letras.

Sin embargo, es la figura masculina ambigua la que se pone en jaque esta vez ante una definición personal que se proyecta a continuación:

 

“El gavilán reaparece, es invocado con palabras lejanas, reaparece, nadie quiere verlo, yo no quería verlo, pero el gavilán es poderoso, muta de cuerpo en cuerpo para hacer notar su presencia, el gavilán es perverso. El gavilán forma parte de un grupo de gavilanes, el gavilán es parte de la “disidencia”, los gavilanes se consideran “feministas” pero no tienen problemas con la misoginia, la practican día a día, pero que nadie se de cuenta porque sus términos disidentes quieren demostrar lo contrario; tampoco tienen problemas con la violencia, ni con escupir fuego al pronunciar el nombre de una mujer. El gavilán se escuda en la “vanguardia”, en el arte, pero juega con los temas más sensibles que puede encontrar a su alrededor. Toma el dolor ajeno y lo promociona, toma dolores ajenos pues no se expone, se vende, pero no se expone. El gavilán sí miente, el gavilán es totalmente veleidoso, el gavilán desgarra entrañas y las come con placer. El gavilán sufre, pero quiere ver arder al resto para cubrir su dolor, el gavilán se transforma, un grupo de gavilanes le da cobijo, otro grupo de gavilanes en formación le sigue. Hablan de poesía como un producto, hablan de lo que “está de moda”, hablan de lodiferentes que son, pero no toleran, no toleran ver su ego manchado, no toleran ser menospreciados, porque creen que solo el poder que tienen por ser gavilanes les otorga un derecho inventado de menospreciar, criticar, señalar y encasillar a los otros. Los gavilanes hablan en femenino porque las “minas están de moda”. El gavilán ha perdido el respeto. Los gavilanes no dimensionan la lucha, no cambian el panorama, a todo le terminan dando un aspecto banal, porque lo importante es el show, el ego, el sentirse observados y deseados, envidiados, que hierva la envidia en el ojo ajeno porque el gavilán es poderoso y vive en la performance, hace de su vida un acto magistral, donde siempre es el bueno y los demás deben observar su “compromiso”. El gavilán repartió la enfermedad por el continente, siento el asco en la garganta, puedo palpar la bilis brotando con furia al recordar lo que he observado, lo que me hicieron, lo que hacen, lo que nadie se atreve a decir, lo que les hacen a aquellos que no se detienen a pensar en el único principio que sirve para reivindicar cualquier causa: el amor”

 

Por este mismo deseo de amar libremente las cosas, es que no quisiera ver empañada la escritura por estas caretas que he mencionado, que no se ensucie el lenguaje con la desconfianza de las palabras que pronuncian sus autores, que mis compañeras no olviden el valor del lenguaje por solo utilizarlo en su defensa, que mis compañeros no utilicen el lenguaje por estar a la vanguardia. Que la gente no asista a lecturas poéticas para mostrar la chaqueta nueva que se compró en la feria cuando realmente llegó en taxi al evento, que el vino sea una excusa realmente buena para acompañar la conversación posterior y no una forma de enjuagar el tabaco de la boca que te dejaron todos esos cigarros que fumaste para matar el tiempo. Que los autores que ya son “reconocidos” no sean tan selectivos, que los poetas viejos dejen de echarle el ojo a las cabras chicas, porque yo también fui cabra chica y molesta; que olvidemos el género, que los gavilanes defiendan realmente las causas que tanto pregonan, que no anden sacando fotos a niños mapuches con los mocos colgando para ganarse proyectos FONDART que en nada ayudarán a esos mismos niños, que los gavilanes se informen y luchen en serio por los derechos LGBT y no se sientan una sociedad aparte (y superior), que aprendamos a criticarnos, que sí nos escuchemos y leamos y odiémonos, pero dejemos las caretas de lado y quizás así, solo así me atreva  como profe a invitar a mis alumnas/os a que empiecen a escribir y visitar lecturas en eventos y bares, que sepan cómo enfrentarse a los gavilanes, que no los pille con el puro gusto por escribir y leer, porque los egos funcionan como poderosas armas y el deseo de poder puede verlas/os indefensos/as y sedientas/os del mismo poder. Nos creemos artistas apartados de los demás, pero reproducimos los mismos patrones sociales,solo que en comunidades más pequeñas.

“En la alabanza de la mujer que soy…” quiero vivir la escritura de la forma más tierna y sincera posible, compartiendo con todos por ese mismo gusto y no por figurar, dejando de taparme, dejando de tener miedo del juicio tan podrido que avivan los otros, dejando de pensar que si publico algo el resto pensará que fue por ser “amiga” del editor, etc. “En la alabanza de la mujer que soy…” quiero que mis colegas me crean en serio, les crean a mis compañeras, que mis compañeras también me crean y yo creerles a ellas, escribir tan naturalmente como a los siete años.

“Hijos Únicos”, el fantasmal repaso de la nostalgia en Juan Santander Leal

“Hijos Únicos”, el fantasmal repaso de la nostalgia en Juan Santander Leal.

Por David Ortiz

“Hijos Únicos” es el título de la nueva publicación del poeta Juan Santander Lea (Copiapó, 1984). Un poemario de 65 páginas editado por Ediciones Overol, editorial independiente que el 2015 publicó sus obras completas bajo el nombre de “La Destrucción del Mundo Interior”.

 

En una tertulia en un bar, llegó a mí la nueva publicación de Juan Santander Leal. A primera vista resalta el título, que ya emana algunos elementos autobiográficos. Juan no tiene hermanos, eso cambia dinámicas de infancia, cosa que se refleja de una forma muy elegante en el libro.

 

En esa línea destaca uno de los poemas que más ha circulado de este libro: “Gemelos”, publicado en la web Dos Disparos el año 2014. Cito un fragmento:

 

En ese tiempo éramos gemelos.

Andábamos los dos en bicicleta,

siempre ibas escondido detrás mío

como una especie de segundo nombre.

 

La simpleza de los versos de Juan sigue presente en esta publicación, la cual ha sido catalogada de “exacta” por varios críticos.

 

Con versos cortos y precisos es capaz de generar imágenes de una profundidad conmovedora, a partir de elementos cotidianos. Cito el poema “Arena Negra”.

 

Los lobos marinos toman sol,

Un pato lleva horas en el agua

Como un narrador omisciente

Encerrado en su propia novela.

 

Una consecución de imágenes que se revelan como fantasmas al repasar la propia vida del  autor. Santander nos traslada a instantes particulares de su experiencia.

 

Me hace sentido catalogarlo como una consecución de bellas escenas fantasmagóricas.

La palabra “fantasma” tiene como raíz antigua la phanein que quiere decir brillar, aparecer, mostrarse, hacer visible. Por lo tanto los fantasmas son imágenes reminiscentes de un pasado.

 

La obra de Santander está llena de estos fantasmas, que juegan entre la luz de la tarde, en la arena de la playa o en la humedad de la camanchaca dejándose caer por la ciudad de Copiapó.

 

Luces y sombras que juguetean, ya sea en las penumbras, en el crepúsculo, en el contraluz, que van dibujando escenas que dan forma a una suerte de película autobiográfica plagada de cuadros, con una bella composición en su fotografía.

 

Flash backs de idas a la playa, paseos por el centro, juntas familiares. Imágenes del arribo a un Santiago de los años 2000 y la relación con un Copiapó todavía pueblerino que quedaba atrás.

 

Un libro interesante, donde el repaso por un pasado copiapino sorprende en su claridad y lucidez y del que emanan recuerdos que se transforman en los versos de “Hijos Únicos”.

 

Cine Alhambra

Cada sábado íbamos al cine, 

el verano aplastaba la ciudad, 

comíamos churros con azúcar flor, 

la entrada costaba mil quinientos.

 

Me gustaba leer en la penumbra

el letrero luminoso de salida, 

el domingo venía caminando

para decirnos quienes éramos. 

 

En la sala no había casi nadie.

De vez en cuando un espectador, 

pegado todo el día en su butaca

como una estrella de mar en la piedra.

 

Las películas llegaban meses tarde; 

los extraterrestres llegaban tarde,

los súper héroes llegaban tarde,

los viajeros en el tiempo llegaban tarde. 

 

Cabaña

La docena de locos congelados

en la cocina me otorgan la razón, 

que soy un habitante a la fuerza, 

el calor cae por una gotera

 

y los parientes miran de reojo. 

No quise que me dijeran qué hacer, 

ni que me vigilaran en las tardes

con la cara pegada al mosquitero.

 

Los guanacos se escapan al cerro, 

la cabaña determina mi conducta, 

la familia entera está en la mesa,

el almuerzo es signo de obediencia.

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¡Estoy Artaud! (Antonin y las Genealogías Híbridas)[i]

¡Estoy Artaud!
(Antonin y las Genealogías Híbridas)[i]

 por: Denial.

Reencarnado, Antonin da cuenta de su lenta descomposición. Alienado, se lo comen, lo internan, lo suicidan… Mientras, presta el cuerpo. Los CUERPOS: tres modelos de exceso.

-El Cuerpo sin órganos

-El Cuerpo muerto

-El Cuerpo de escritura.

Estos cuerpos atados van alienados. La alienación está llena de imposturas. Condenado. Pienso, hablo y me muevo como marioneta, ligado a lógicas identitarias de reproducción que tensan los hilos del devenir. Devenir otro, siempre YA alienado.

Genealógicamente hablando, podemos “devenir otro”, que aunque siempre YA alienado por la sociedad, es preferible a ser comido o suicidado por la misma.

Pero, ¿qué son las genealogías?

Para Foucault, la articulación del cuerpo mismo del devenir y de la historia[ii]; es decir, la disociación sistemática de nuestra identidad, ya sea como una ruptura (textual y violenta) o como un enmarañamiento.

Artaud va más por el enmarañamiento que por la ruptura, desmereciendo a ninguna:

“Cada cuerpo está ligado a otros cuerpos, que envuelve al mismo tiempo que lo envuelven, que contiene al mismo tiempo que lo contienen, en modos diferentes”.[iii]

Por lo tanto, este enmarañamiento propuesto no es simple mezcla; es más bien un exceso de pliegues, infinito, que no llega a lo acabado.

¿Qué logramos con esta disociación enmarañada de nuestros excesos genealógicos?

Cambiar, romper, disociar el concepto de cuerpo como un organismo impermeable; fijo, parasitario, que aliena el espíritu y lo convierte en cadáver viviente. O, en palabras de Artaud:

“Hace 4.000 mil años que el hombre tiene una anatomía que ha dejado de corresponder a su naturaleza. La anatomía en la que estamos varados es una anatomía creada por burros de carga, médicos y eruditos que jamás han podido comprender un cuerpo simple y que para vivir necesitaban encontrarse en un cuerpo que les respondiera y al que comprendieran.”[iv]

La sociedad se come a Antonin y luego lo interna. Porque Artaud ve los estados de vida estratificados de la sociedad y que estos van reducidos a la mera norma de un registro civil. Y ese “ojo que diseca… el ojo de Van Gogh, el suicidado por la sociedad”[v], es de lucidez extrema. Locura, dice la sociedad. Y a la locura le sigue el internamiento.

Internar es producir un lugar sin dentro ni fuera, un lugar sin pasado ni futuro, sin memoria ni porvenir, sin archivos ni genealogías; en consecuencia, generar las condiciones necesarias para invisibilizar y cegar al “ojo que diseca”.

“Allí donde huele a excremento/ huele a ser./ El hombre podría haberse abstenido de cagar,/             mantener cerrado el bolsillo anal,/ pero eligió cagar (…) Para no defecar,/ debería haber             aceptado/ no ser”.

            Artaud, “Para acabar con el juicio de dios”.

-Un cuerpo internado sabe que la sociedad fabrica cuerpos muertos y que estos cadáveres sirven como órganos para el buen funcionamiento del cuerpo colectivo.

-La sociedad fabrica estatutos médico-legales para los cuerpos sin órganos.

-Se falsifica el arkhé[vi] del cuerpo muerto. El archivo. El acta de nacimiento y defunción.

-Se me suicida antes de nacer.

De ahí que el encarnado Antonin, de cuenta de su alienación, de esa violencia de vida que quiere nacer a cualquier precio,[vii] incluso si el ser no lo quiere.

El Cuerpo de Escritura de Antonin Artaud se revela contra Dios, contra la Palabra y la Lengua.

“Y si dios es un ser,/ es la mierda./ Si no lo es/ no existe”.[viii]

El cuerpo de escritura se defiende creando un vacío. “En el espacio nadie oye cuando gritas”, por ejemplo . Y para Artaud, crear este vacío es el trabajo del pensamiento en el pensamiento. Perderse en el pensamiento, MI pensamiento. Y que con esta pérdida se cree la ruptura que engendre el vacío.  Buen lugar de esparcimiento para salvajes pensamientos clandestinos.

[i]     S. Margel, “Alienación. Artonin Artaud. Las genealogías híbridas”. Metales Pesados, 2016.

[ii]    Íbid, p.29

[iii]   Íbid, p.20

[iv]   Íbid, p.31

[v]    Íbid, p.35

[vi]   Íbid, p.46

[vii]  Íbid, p.73

[viii] A. Artaud, “Para acabar con el juicio de dios”.