Yo también soy de mirar a los ojos // Un cuento mendozino para Literror

Maximiliano Contreras, nació en Tunuyán provincia de Mendoza Argentina, en el 2012 se le otorgó el 1° lugar en el concurso de micro cuento organizado por el instituto Rosario Vera Peñaloza, en el año 2016, obtuvo la 1° mención del certamen internacional de poesía en conmemoración a Pinocho organizado por el centro cultural KEMKEM de la provincia de Buenos Aires. Ha participado en revistas digitales de todo el mundo, aunque él prefiere publicar en América Latina.

Nos comparte en Literror un cuento inédito desde Argentina.-

Yo también soy de mirar a los ojos

Las casas viejas del barrio son las que tienen flores en la cerca que da a la calle y a las esquinas, cada vez que los chicos pasan para la escuela, le rompen las plantas a las vecinas que no se dan cuenta y pasan  desapercibidas porque acá crece tan rápido la naturaleza que apenas cortas algo nace dos o tres veces multiplicado por cien, en realidad no se dan cuenta hasta que van a regarlas, no dicen nada para no tener problemas con nadie. Han logrado vivir sin problemas, no van a hacer un mundo por poca cosa, y por más dificultades que tengan están en esa onda de amor y paz. Andan con eso de las energías y de que todo lo que das vuelve y se potencia y te condenan al infierno cuando le ensucias las veredas. Rezan en unos banquitos en la plaza cerca de la Virgen de la Rosa, mientras dejamos el camino sin flores y sin perfume para el mal olor, es que hace como diez mil días que nadie se baña, porque se pusieron de acuerdo en no pagar más la boleta del agua pensando en que bajarían la tarifa y sí, lograron eso, que les corten el servicio a todos.

En el verano es como que quema pero dejas las manos un rato en el asfalto y la piel se acostumbra al calor y no sé si será que se adormece o no pero no sentís nada. Varias veces me lavé las manos- después de lavar algunos tornillos del motor del auto- engrasado por la mecánica. No es que me gusté la mecánica  por necesidad tengo que cambiarle algunas cosas al auto y si no es por él en el día no almuerzo y no ceno, ni fumo, a veces fumar sí porque alguien me convida un cigarro, armado o de caja, sea como sea de vez en cuando fumo, echado para atrás en la hamaca que le compré a unos senegaleses, fumo como si no le debiera a nadie, así como si el mundo se estuviera cayendo arriba mío.

-Déjate de joder, y acompáñame a la bodega, allá necesitan uno que esté todo el día en la puerta, controlando quién entra y quién sale, capaz que vos podás.- al trabajo me lo había propuesto Nicolás, con Nicolás todo bien pero verlo en la casa y después verlo en el trabajo no me parecía lo más adecuado que pudiese yo hacer, acepté, y acepté tantas cosas, realmente me hacía falta la plata, o el dinero, queda mejor dinero, repito, lo acepté  me hacía falta el dinero.

Dije que sí, con la cabeza, en la boca revotaba una tostada con dulce de durazno que se desintegraba en cada lado de las muelas, y la lengua la llevaba para arriba y abajo, cuando acomodé la comida para hablar, me quedó una tutumba en el cachete, pero pude hablar, aunque no lo hice, la puerta ya se estaba cerrado, entonces agarré el celular para confirmarle que al otro día estaría allí a la misma hora que entran todos.

Fui, me bajé del colectivo a las cinco y media de la mañana, la bodega quedaba a algunas cuadras entonces lo mejor era dejar pasar el tiempo caminando, tampoco tenía mucho que esperar media hora no más a las seis tocaba la bocina el dueño para que abrieran la tranquera y detrás de él como mulas entraban todos, los operarios y demás.

Ese día entre todos iba yo, mirando al suelo, sacando el pañuelo porque el polvo de la tierra me hizo lagrimear los ojos.-

-Quédate acá un ratito que busco la secretaria.

-Sí, sí dale.

Uno cuando está ansioso tiene graves problemas de transpiración, decí que sudo sin olor sino que vergüenza el primer día del trabajo y que me manden a bañar o no me lo den por sucio, que vergüenza no por dios, asique así fue espere apoyado en una pared de adobe- ladrillo de barro secado al sol- esperé a que todos se acomodaran en sus puestos, una mujer coqueta, con una falda apretada al cuerpo que no dejaba ver mucho, era más tabla que la mesa donde almorzaba el jefe, me llamó con una seña de manos y quiso presentarme a todos los directivos, no estaba nadie, uno nada más que esquivaba la mirada cada vez que yo enfocaba mis ojos en él.

“Si querés que una persona se sienta inferior mirala a los ojos con potencia como que vos la tenés clara ante todo, así míralo, así con los ojos bien abierto como lechuzas”, ¿ sabés que mi abuela fue la del consejo?, cuando entre mate y mate amargo, me daba los consejos para que me presentara en lo que pude llamar mi primer empleo, ella me despidió y sacó ligero, subí al taxi y me fui como el perrito que sacó a patadas porque le ensució la casa meando las sillas de madera en la galería. Ese día no pude tomar el trabajo y me costaba veintitrés años más para que me encontrara en la misma situación, veintitrés años más para estar devuelta sin un peso partido por la mitad, para qué habré partido este billete de dos pesos y guardé la parte que menos valía, si no lo hubiese partido ahora lo tendría entero, como me dejo llevar por lo que dicen de la suerte y eso.

-Señor cuénteme ¿en qué en bueno usted?, ha tenido experiencias en bodegas o fábricas, en la portería? – No respondí lo único que hice fue deslizar mi carpeta de curriculum para que se cerciorara en todo. Mentí, no es que fuese el mejor trabajador, menos mal que no llamó a ninguna referencia y me estiró el contrato para que firmará.

-¿Firmo?- le dije.

-Sí, por favor y acompáñame a dar una vuelta.

Me mostró todas las instalaciones y cómo no podía seguir por el olor a vino, decidí pedirle la tarde para volver con más ganas el día siguiente, no sé porque me dijeron que bueno si yo nunca hice nada ni siquiera me conocían.

Caminé de regreso a la parada del micro y practiqué la técnica de mirar a alguien a los ojos, un niño de diez años jugaba en la calle cerca de la plaza y yo lo miré, me miró hasta que se incomodó de mí y desvió la mirada, también con un perro que salió a comerme los tobillos, ladraba hasta que miré sus ojos y más se enojó, me mordió y si no fuese por el dueño, ese día moría tirado en plena tierra. En el hospital me explicaron que si mirás un perro a los ojos más se enoja, y se embronca con todo. En la camilla y en la noche de observación que pasé, insulté a la pobre abuela del consejo que me dio esa tarde de veintitrés años atrás, al otro día obviamente ¿qué podía hacer en la bodega?, no me quedó otra que comprarme unos lentes oscuros, como para que no viera nadie  que yo también soy de mirar a los ojos.

Poemas inéditos de Fernando Rivera Lutz

Fernando Rivera Lutz (Copiapó 1955) formado en las artes plásticas a principio de los 80 en la Universidad de Chile, época desalentadora para cualquiera. Pero que desalienta con profunda intensidad al joven provinciano con ideas políticas que desarrollar.

Refiero a este conflicto personal del poeta que podría parecer anecdótico, en tanto determinara su desarrollo como artista plástico y como escritor. Ya que desde allí, desde esa desilusión, desde el descreimiento que produce la perdida de fe en el arte, cuando era quizás lo único que quedaba, es que se puede comprender el presente silencio plástico en que el poeta se ha sumido desde que retorna a su natal Copiapó, que parece también una forma de autoexilio. Ostracismo que también se apodero de su voluntad escritural si consideramos que permaneció inédito hasta los 56 años.

A pesar de su labor política y social en el valle de Copiapó y sus alrededores, siempre como artista. Se habla de Rivera Lutz como un artista en el ostracismo. Dada la imposibilidad de encontrar su labor plástica, que se arrumba en rincones de su casa  si no ha ido a parar directo a la basura, por la tardía aparición de su único libro de poesía “Raíz de uno, antología olvidada” el año 2011 por Cinosargo.  Libro que muestra una fragmentada voz poética en tanto recopila textos de diversas épocas del escritor.

No entraremos en detalles respecto de su único libro, sin embargo se invita a leer a este escritor fundamental para entender lo que se ha comenzado a visibilizar de la poesía nortina, principalmente de la región de Atacama, donde sin duda la figura de mayor relevancia en términos de labor escritural, es Fernando Rivera Lutz. Quien desde la Sociedad de escritores de Copiapó ha logrado conglomerar, siempre desde un sentido del bien común, a las más variadas voces poéticas y narrativas que hoy emergen desde esta arista del territorio nacional.

 

5.-

Conocí al tony Sapiain de pura casualidad / iba arriba de una camioneta /anunciando el espectáculo / junto a otros payasos / iban también unas minas en bikini / que eran malabaristas / el maquillaje rebotaba con el sol / porque era un día soleado / y un mono // Sapiain / de caliente / se puso a conversar con una chica / y se le perdió la camioneta / yo venía detrás y le dije lo llevo / se subió / no habló nada  / solo cuando se iba a bajar / me dijo gracias / déjeme en el cruce / y se quedó haciendo dedo / hacia el norte / me gritó / voy a matar a alguien / comienzo una nueva vida / y me acordé de ” Pogo ” el payaso asesino / que mató a 33 hombres / y que tuvo una vida de mierda / su padre le castigaba duramente / dudaba de su sexualidad / a los 9 fue abusado / por un conocido de la familia / a los 11 tuvo un accidente / se le formó un coagulo en el cerebro / empezó a desmayarse solo / a  los 20  se fue de la casa / hizo carrera en el área comercial / escaló en la empresa /  se casó por primera vez en Springfield / donde llevaba una activa vida comunitaria / hay estudios que señalan que no se le paraba / a causa de trancas sexuales / tuvo relaciones homosexuales / se fue a Iowa / trabajó en la cadena de pollos Kentucky / el primer matrimonio acabó / cuando fue declarado culpable de abusos a menores / salió de la cárcel / volvió a Sprinfield/ ocultó con acierto su pasado criminal / se casó por segunda vez / se hizo demócrata / se fotografió con la señora de Jimmy Carter / “para John,  los mejores deseos ” decía el registro / cuando lo  arrestaron por segunda  vez / en una de las fotos aparecía con una chapa  en la solapa / que contenía  la letra “S” / significaba que tenía acceso a información clasificada del FBI / en 1978 confesó sus crímenes / en 1972 fue el primero / declaró que cuando clavó el cuchillo en su primera víctima / y vio brotar la sangre del cuerpo /  se excitó / y comenzó el gusto / confesó también que 28 de los  33 cuerpos / estaban en enterrados en su propiedad / y que los otros cinco / los tiró al rio / todos jóvenes entre 14 y 21 años / en el juicio adujo desórdenes mentales / y accidentes por asfixia erótica / argumentos desechado por la corte / y condenado a 21 cadenas perpetuas / y 12 penas de muerte / fue ajusticiado por inyección letal el 10 de mayo de 1994 /. Sus últimas palabras, fueron / ¡Bésenme el culo! ¡Nunca sabrán dónde están los otros!/   El cerebro de John fue extraído/ es propiedad de la Dra. Helen Morrison/ para estudios de comportamientos de asesinos en serie // El verdadero nombre del payaso Pogo es John Wayne Gazy/  y lo de payaso / porque gustaba de este personaje / para animar fiestas  infantiles //  En su periodo carcelario / se dedicó a la pintura / con bastante éxito / muchas de sus obras están en manos de conocidos cantantes punk / y han sido usadas como carátula de sus discos / el cineasta John Waters tiene colgada una en la pieza de las visitas /  “para que los huéspedes /  no se queden demasiado tiempo / ha declarado // A propósito / que será del Tony Sapiain //.

1.-

Escuchaba los combates  en la  radio  LR4  Splendid de Buenos Aires / La noche del 22 de mayo de 1976 / peleaba Víctor Galíndez oriundo de Vedia / Buenos Aires / contra el norteamericano Richie Kate / aspirante al título / que buscaba la gloria en la categoría medio pesado / El combate pactado a 15 asaltos / prometía / y Johannesburgo / Sudáfrica / vivió  una noche inolvidable / de coraje y bravura/ al punto que hasta el día de hoy / se conserva la camisa del árbitro / ensangrentada /en el museo de la memoria de Sudáfrica /  El combate se inició con  el clásico estudio preliminar / hasta el tercer round / donde un cabezazo de Richie / parte el arco superciliar de Galindez en forma de L / causando una profunda fisura / El combate está a punto de suspenderse / pero el manager de Galindez se las arregla / para que la justa prosiga / De ahí en adelante / la pelea es un torbellino de golpes / de jab y uppercuts de Richie que buscaban el ojo derecho de Galindez / quien se ovillaba por momentos / para salir luego con furibundos contragolpes / Galindez medio ciego y con su rostro bañado en sangre / y que restregaba astutamente en la camisa del réferi /  en el hombro / aguantaba los chaparrones / y las imágenes posteriores / dan cuenta del arrojo del transandino / que pese a todo / y en memorable jornada / que volvía loco a los relatores / pasó a dominar la pelea / ganando por nocaut al 15 round / reteniendo la corona / La pelea se repitió 5 veces en la televisión argentina / y hasta el día de hoy se recuerda como una / sino la mas / memorable pelea de la historia del boxeo mundial/ Pero el drama para Galindez estaba por venir / Su equipo previo a la pelea / mantuvo un especial aislamiento y sigilo / para con él / En la madrugada ya sabían/ que Oscar Ringo Bonavena / ídolo del  boxeo Argentino / y gran amigo de Galindez / había sido asesinado en Nevada EEUU, de un certero disparo / realizado con rifle de alta precisión / que le pulverizó los pulmones / Bonavena había llegado a EEUU / en busca de la revancha con Casius Clay / que a la fecha/ ya se hacía llamar Mohamed Ali / y  a quien en la primera refriega / le había aguantado los 15 rounds / y  que en la víspera había provocado / gritándole gallina / y reiterado su apellido original Clay / Clay / Clay / hecho que ofuscó profundamente / hasta el entonces más grande ídolo del boxeo  de EEUU / y tal vez del orbe / y en su mejor momento deportivo. /  Bonavena / en una carta a sus hermanos contaba que estaba afincado en el  Mustang Ranch, en Storey, a veinte kilómetros de Reno, Nevada. ” Un laberinto de doscientas hectáreas que albergaba canchas de tenis, piscina, ciento dos habitaciones y hasta una pista de aterrizaje. Era el prostíbulo más grande del mundo, lucrativo negocio de Joe Conforte, hombre fuerte de aquel pueblo donde la prostitución era legal y esposo de Sally Conforte, una mujer de 59 años que por esos días se había convertido en la pareja inseparable de Bonavena “ según una nota periodística. / También expresaba su desagrado / porque en aquel laberinto / se organizaban peleas de exhibición / donde él era figura / pero que entre round y round / unos enanos hacían piruetas y malabares / convirtiendo el espectáculo / en una especie de bufonada siglo XVII/. Conforte ya había amenazado a Bonavena y / estaba claro que no permitiría ser el hazmerreir  y / el nuevo cornudo de la comarca / se dice que lo  había conminado a  abandonar la ciudad /.  Un vez finalizada la pelea / a Galindez hubo que llevarlo de urgencia a una clínica / para evaluar el daño en su ceja / Estaba tendido en una camilla con su cara hecha trizas / cuando  le comunicaron la muerte de Ringo / Las paredes de la clínica aun conservan el aullido de dolor / del que hasta hace minutos / había recibido / los  golpes mas duros arriba de un ring / Fue una noche inconsolable /. El funeral de Bonavena hubo de retrasarse / para que Galindez / en una escala en Rio de Janeiro / recuperara parte de su alma / y de su descompuesto rostro /. Al funeral de Oscar Natalio Bonavena / fue tanta gente / ante el estupor de la horrorosa dictadura militar argentina / que hasta el escritor Borges se atrevió con un comentario / ” Vino más gente que cuando murió Perón”/. Víctor Galíndez / murió el 26 de octubre de 1980 / a los 31 años / atropellado por el Ford Falcon de Marcial Feijoó / durante una competencia de Turismo Carretera en el autódromo 25 de Mayo / el día que debutaba como acompañante del experimentado piloto Antonio Lizeviche / Al abandonar  la competencia /por falla mecánica/  / y retornar a pie por el borde de la ruta / se produjo el infortunado accidente / Tanto Galíndez como Lizeviche fallecieron instantáneamente.

 

Gloomy Sunday

 

Escrita por László Jávo / y música de Rezső Seress / ambos húngaros / en el  año 1932 / año de  depresión económica/ grabada por primera vez por Pál Kalmár en 1935 / se llama Glommy Sunday / traducida como / domingo triste/ la versión mas conocida es de Billie Holliday / jazzista norteamericana / que la hizo suya/ cuando llegó de Hungría / precedida de mala fama / sus versos iniciales dicen /

Amado, las sombras con las que vivo son infinitas
pequeñas flores blancas nunca te despertarán allá
donde el coche fúnebre de la tristeza te ha llevado.
Los ángeles no tienen intención de resucitarte
¿Se enfadarían si pienso en reunirme contigo?

se habla de 17 suicidios / en el pueblo magiar / los inmolados / se dice / o / escucharon la canción / o murieron con un verso escrito entre sus manos /  la novia / de Javor se suicidó / entre sus largos dedos /un papel que decía / domingo triste / no está comprobado / pero ella inspiró tal vez la canción / que luego dice / que ella y su corazón han decidido que todo acabe / que sabe que habrá velas y oraciones tristes / pero que todo fluya / que no haya lágrimas / que sepan todos  que está contenta de ir / que la muerte no es para soñar / en la muerte lo acariciará / y con su último suspiro / lo bendecirá.

En la década de 30 / el New York Times informaba / sobre suicidios e intentos de suicidio / en los EEUU /relacionados con “Gloomy Sunday” / también de Inglaterra hay reportes / y la canción fue prohibida por la BBC / hasta el año 2002 / algunas tiendas  negaban  vender el disco / no querían hacerse responsable // Se dice también / que la canción pudo haber sido / sujeta de un acto ritual demoníaco/ de ahí la condición maldita que adquirió/ en todo caso cuando vi la partitura / y esos signos cuervos de van Gogh /que asedian las notas /  y esas líneas curvas / de arco mal tensado / que sostiene un último aliento / resistiendo el peso del pentagrama/ que tarde o temprano caerá/ y las notas / como  niños  al vacío /en la máquina de moler carne igual que The Wall/ conmueven //. La canción ha sido grabada / por artistas contemporáneos también / como / Lou Rawls / Ray Charles / Elvis Costello / Sarah McLachlan / Björk / Sidney O”connors / otros//. Volvió a la palestra el  13 de enero del año 1968 / con ocasión del suicidio de R. Seress / deprimido / por no haber conseguido crear / una nueva canción / del impacto de Gloomy Sunday/.

 

 

Una noche

Acompañamos a  María Ester a la camioneta / alegaba que no estaba acostumbrada a beber tanto / como si un mojito y medio fuera tanto / el caso es que dijo / que le temblaban las piernas / también dijo que podía ir a dejar  a  Tatiana / caminamos / e insistió / dejo a  Tatiana y también al que viva más cerca / al Fernando no / es muy lejos / en esa población / los niños juegan a la pelota / con la cabeza de los gatos muertos / ocurrió que se fue sola / quedamos tres/ Manuel dijo que tomaba el colectivo en la esquina / cojeaba de una pierna / que no estaba para acompañar a nadie / cumplió su promesa // Caminamos con Tatiana hablando de un sin fin de cosas / no había asomo de irse / caminábamos como por inercia / doblamos en Maipu /  creo que sabíamos sin decir / donde íbamos /  nuestro viejo Silvie George / estaba cerrado / dijimos vaya está cerrado / nos devolvimos / ¿dónde nos tomamos la última cerveza? / dijimos vamos al boliche donde unos endemoniados leen poesía / Literror le llaman /que no es por aquí derecho dijo ella / es en la otra cuadra contesté / nos instalamos // El bar es una reliquia de la ciudad /  esos con un mesón largo a la entrada  y hacia el fondo / mesas / en el costado de las paredes finales / unos inmensos dibujos / factura comic / uno de Marilyn Monroe / y al lado uno de Elvis Presley //  Había una pareja que se animaba y ronroneaban como gatos / y otro parroquiano ahogado tal vez por culposos amores//. En nosotros algo de alcohol había / nos hacía actuar/ mas desinhibidos / a todo esto no parábamos de hablar //. Pero en honor a esa esplendida noche / todo empezó de verdad /cuando Tatiana/ dijo:/ como una cosa profesional / me gustaría saber / desde cuando / el corazón es símbolo del amor / porque he investigado y no encuentro el origen / detalló sus búsquedas / hiló recuerdos como estudiante de diseño / comentó sobre ciertos trabajos / aludió a su estadía en colegio de monjas / comentamos sobre ritos tribales asociados al corazón / y la caricatura que han  hecho de ello / pero Tatiana seguía como poseída con el tema / yo terciaba a ratos /  hasta que llegó al Sagrado Corazón/ entonces hablamos de sus representaciones iconográficas/ pero fue borrada de un plumazo / cualquier asociación bíblica sobre el tema / aunque volvía sobre él / y recordaba las llamas que emergen de ciertas representaciones / quise ponerme a tono / y le comenté que en Méjico hay un club de fútbol al que llaman el rebaño sagrado / como no sé porqué / inventé que era por el corazón que ponen en la cancha / no se dio por aludida / hice el ridículo creo/  y volvió a la carga con la historia sobre el suceso Mary Shelley, esposa del poeta Percy Shelley / al que una vez muerto en un naufragio / y luego de exhumar su cadáver / lo incineran / en la playa / en una vulgar fogata / pero en ese acto / le arrancan el corazón /  el que guarda celosamente su esposa / envuelto en una página que contiene un  poema de Shelley / y que fue enterrado con ella en un cementerio inglés / el día de su funeral /. Me recompuse cuando le recordé un hermoso texto de ella / que habla sobre la diástole y la sístole / pero no me podía concentrar a ratos / porque la observaba con la pasión con que hablaba / y sus brazos eran también como lenguas  / y pensé que el dueño del bar y la chica que atendía /y que nos miraban con cierto recelo/ pensarían que éramos de una naciente iglesia / por el énfasis con que nos expresábamos/ la cosa fue que se hizo tarde / empezaron a poner las sillas sobre la mesa/ es una señal dije/  Al salir / no recuerdo porque/ ni en qué contexto / aludo a la palabra vulnerable / y Tatiana vuelve sobre el tema / claro me dice / y comienza un discurso sobre la fisiología animal / que eso de las costillas que protegen los órganos fundamentales son patrañas / que en la escuela enseñan puras bobadas / que  en el principio somos animales / y que andábamos en cuatro patas  / y claro continua / no vez que al andar así / no dejamos blanco / para adversidades que nos lastimen/ y el corazón es el más protegido / somos menos vulnerable/ te das cuenta me dice / y para acentuar  sus palabras / se lanza al suelo  / y comienza a desplazarse por la calle Atacama / ves me dice / así / y volteaba su cabeza / para confirmarlo //  Yo la miro / con dedicación absoluta / y pienso que si avanzase más rápido / y concentrase todo su esfuerzo / en la convicción de lo que dice / estoy seguro que se eleva y vuela //.-

La observación de la herida (un cruce entre la manifestación escritural de Gonzalo Millán y Manuel Rojas).

Por: Joyce Olavarría R. // foto: Gonzalo Millán en un programa de TV en los 70’s  http://www.memoriachilena.cl

La herida es íntima, la cicatriz se hace visible … todo lo que  podamos conocer será observado desde el recuerdo insistente de la cicatriz que tapiza la profundidad de la herida. “No se olvidará la herida/ La cicatriz nos dejará señalados” son los últimos versos que escribe Millán en el poema 64 de La Ciudad, pero ¿dónde nace la herida? ¿dónde es que nos topamos con la apertura del dolor? Las preguntas no se responden con verdades absolutas, por tanto, en un intento de solo sentir, retumban las lecturas que se manifiestan con distancia, las cuales abarcan el dolor, la herida, la cicatriz y la muerte como temas recurrentes en distintos escenarios. En este caso el cruce del fragmento ubicado en la Segunda Parte de la novela Hijo de Ladrón de Manuel Rojas y el poema 64 de Gonzalo Millán esclarece una visión íntima y colectiva sobre un mismo tema: la herida, la cual transita en la memoria de dos textos alejados por algunas décadas, pero que manifiestan en sincronía lo humano del dolor proyectado en este símbolo.

De este modo, Rojas describe dentro de su novela el peso que se mantiene al lidiar con la herida, convirtiéndonos por esencia en “enfermos de una herida real o imaginaria, aparente u oculta, pero herida al fin […]” (Rojas 96). Hay en la experiencia cotidiana de la vida una marca, que desde la perspectiva de Naín Gómez es la muerte, y luego agrega que funciona como aquello que traemos desde el nacimiento donde las heridas superficiales son también simbólicas, no se pueden sacar. Esto plasmado en cada muerte o enfermedad en el personaje de Aniceto,ya que la herida es la carencia y el personaje intenta cerrarla como puede, con el hambre, con el amor, etc.

Por otro lado, la herida de Millán es prácticamente una tortura, está presente en todo ámbito, no hay manera de abandonarla, es la herida propia que se comparte con el otro bajo un contexto determinado “La herida no se cierra/ La herida sangra en secreto […] La herida no deja dormir / La herida no deja vivir” (Millán 108). Hay en este poema una sentencia que se puede leer desde nosotros mismos y para nosotros mismos, desde los habitantes de la ciudad, ya que “La ciudad toda está herida” e incluso desde el personaje de Aniceto Hevia y el simbolismo de su propia herida mencionada anteriormente, pues tal como menciona Grínor Rojo en Las cuatro vidas de Aniceto Hevia, “la existencia es siempre una existencia herida” y cruza la existencia universal.

Con el paso del tiempo y bajo los contextos de producción de ambos autores, nosotros mismo hemos quedado señalados. Lo íntimo y lo social se mezclan en la angustia del peso histórico, pues las condiciones en que estas voces transitan se reproducirán una y otra vez mientras sigamos siendo oprimidos, ya sea por un tirano (que al mismo tiempo está igualmente herido: “La herida verde del tirano hiede / Se murió su herida / Su herida se pudrió / El tirano es un cadáver en vida” (Millán 110) o por la misma herida de la existencia:

“Si naces con ella puede suceder que sea pequeña al principio y no te moleste demasiado, sin que podamos descartar la posibilidad de que desde el principio sea grande y te impida hablar o caminar, pongamos por caso, todo ello sin tener en cuenta el lugar en que nazcas, que puede ser, un conventillo, una casa o un palacio.” (Rojas 92).

Entonces imaginemos que tenemos una herida, porque en la realidad convivimos con ella; para unos de forma más superficial, para otros se esconde y se abre y se cierra con la facilidad del paso del tiempo y luego la cicatriz recuerda el ardor de los días, inhibe ternura, busca compasión y vuelve a empezar, “Le preguntan cuándo hasta cuándo dónde” (Millán 110) pero ni el “Sol y viento, mar y cielo” de la libertad de Aniceto Hevia pueden descifrar hasta dónde se expande la herida, cuántas son las cicatrices de los habitantes del territorio, cuál es la profundidad de la marca, cuán pronta es la muerte de los personajes que nacimos bajo la herida, pues aún existe la esperanza que plasma Millán, de que “La herida sanará con el tiempo” y “Los heridos de muerte morirán”,o simplemente continuaremos afectados por el constante hurgueteo del dedo en la llaga que palpa la angustia de esa boca y cambiaremos los vendajes todos los días, porque:

“Tan horrorosa tan extendida es la herida. / Nadie se explica cómo sobreviven. / Son una herida. / La herida es todo cuanto tienen. / Cuanto les queda. Cuanto les permiten tener. / La herida denuncia. / Prohíben mostrar la herida. / La herida los identifica. / Por la herida se reconocen. / La herida los une. / La herida es una consigna. / Aprieta los dientes. /Aprieta los puños. / La herida es una desgarrada bandera.” (Millán 110)

 

El ruido en Ruido

Por: Fernanda Pavié

Una de mis insatisfacciones más apremiantes ha sido no poder dar con las palabras precisas para referirme certeramente a aquellas impresiones que me quedan pululando sordamente, inaprensibles. Cuando lo intento, solo consigo decir aproximaciones lejanas que vuelven más subterráneas aún esas impresiones indecibles. Luego queda la sensación categórica de saberme tartamuda, junto con la melancolía de ver condenadas a la soledad a todas aquellas maneras tan personales y entrañables de entender la realidad. Si no se dicen,  están condenadas a perderse. Tantas bellezas tristes, eufóricas y parsimoniosas ya se habrán perdido por no dar con la palabra justa.

Me consuela pensar que todos aquellos que escriben lo hacen para intentar mitigar esa misma insatisfacción, para poder capturar la impresión específica de cada realidad. Tal vez esa pretensión es un fracaso en sí mismo: siempre que se intenta decir la huidiza experiencia necesariamente se escapan otros detalles que quedan relegados al anonimato. Y, nuevamente como una cadena de nunca acabar, esos detalles que no se alcanzan a decir conformarán otra nueva masa amorfa por desenmarañar.

Puede ser que a la hora de valorar una obra, en muchas ocasiones la crítica literaria termina siendo bastante limitante, justamente porque no suele reconocer las posibilidades que proporciona la escritura de decir aquella realidad que pasa subrepticia. Quiero pensar que en verdad sí lo hace y que para sistematizar esa lectura identifica todo discurso de fluidos corporales con una escritura feminista; cualquier nostalgia, como una literatura de la infancia; toda escritura hecha desde una posición periférica, como una subalterna y poscolonial; atisbos de melancolía y enajenación con  referencias camufladas a la dictadura. Y no sigo más para no seguir ridiculizando, puesto que ya de este punto se ha hecho cargo una columna de opinión sobre las modas literarias que salió hace un tiempo[1].

Ruido de Álvaro Bisama es una novela que podría ser perfectamente susceptible a todas esas lecturas, pero que, al mismo tiempo, ha sido una de aquellas que me ha permitido descifrar verbalmente una de mis tantas impresiones escurridizas, en este caso sobre un lugar: Villa Alemana. Después de haber pasado allí toda mi segunda infancia y adolescencia es inevitable no haberme construido una representación personal de ese lugar. Una representación que presentía una realidad específica, pero incapaz de descifrar cuáles eran esos aspectos que la hacían específica.

Esa misma inquietud también se ha establecido hace décadas en torno a lo específico latinoamericano. Hay una realidad común que se distingue de otras y que impone la necesidad de ser definida. Incluso, autores como Gabriel García Márquez y Alejo Carpentier han manifestado sus intuiciones sobre lo latinoamericano en lo real maravilloso. Sin embargo, esa interpretación ya ha sido cuestionada: el afán de definir lo específico de

un lugar se hará siempre desde una posición ideológica, por lo que no se puede pretender construir una definición total. En ese sentido, según Rodríguez (2012) Latinoamérica ha sido definida desde una estética que complace los intereses occidentales: el clásico estereotipo europeo, según el cual es la tierra virgen y fértil, en donde como si nada suceden eventos inesperados a la vuelta de la esquina, está al servicio de encubrir la violencia o de sublimarla en lo maravilloso. Esta interpretación es perfectamente aplicable a la fundación de Macondo en Cien años de soledad y Santa Mónica en Los pasos perdidos, ciudades en que se exploran las posibilidades para determinar lo latinoamericano.

Si me pregunto por lo específico de Villa Alemana que se representa en Ruido, me doy cuenta de que lejos de encubrir la violencia de su asentamiento, se intenta decir la experiencia que aún no tiene nombre; se intenta rescatar aquello que para cualquier versión oficial permanecería como un residuo, un incómodo detalle. Y para ello se reapropian y reactualizan personajes –como el vidente-, lugares –como la micro-, signos perdidos en la ciudad –como los esténcil de la liceana- que terminan constituyéndose como mitos y terminan constituyéndola como metáfora de todas las provincias chilenas. En este sentido, como enfatiza el narrador, Villa Alemana puede entenderse como una “caja de resonancia” de lo que ocurre en el resto del país en un determinado momento histórico y político. Sin embargo, los mitos que conforman la ciudad son capaces de sustraerla de cualquier contingencia y mantenerla impávida ante el ritmo de la modernidad.

Es por ello que resulta difícil describir Villa Alemana en términos simples, porque los términos que se ofrecen desde una intersubjetividad central no bastan y solo queda una manera fragmentaria de decir lo que se escabulle entre sus grietas. De manera tal que queda cristalizada como una ciudad mutante, cuya fragmentariedad se manifiesta incluso desde el momento en que se erige sin ninguna fundación concreta, puesto que “nadie iba a quedarse aquí” (23). Es por ello que “nunca tuvo una Plaza de Armas porque no fue necesaria” y su extensión “era una distancia que podíamos recorrer en bicicleta” (65). Su distribución espacial estaba organizada “por una costra de viviendas y casas quinta y locales comerciales y escuelas con cancha de tierra, que se edificó en torno a una estación de trenes” (23).

En lugar de una Plaza de Armas, la ciudad pareciera proyectarse desde la línea del tren, pues a partir de ella se asientan sus fundadores, aunque en realidad ni siquiera tenían la intención de serlo. El hecho de que la línea del tren sea el punto inicial es significativo en tanto que desde un comienzo imprime a Villa Alemana el carácter de ciudad de tránsito, del ir y venir desde el puerto al pueblo, lo cual redunda en la imposibilidad de caracterizarla con una cualidad fija y de atribuirle el título de ciudad mutante. En este perpetuo tránsito resulta difícil que se consolide un proyecto de ciudad, ya que “cuando todos se iban, el lugar quedaba vacío y se convertía en una ciudad habitada solo por niños y ancianos, entregada a los rituales de la siesta, rodeada por un muro de cerros tristes y secos que dibujaban el único horizonte posible” (23).

A diferencia de la manera en que se representa la realidad latinoamericana, por ejemplo, en Cien años de soledad, en Ruido el origen y la realidad villalemanina se representan como un hecho nada espectacular, incluso como un hecho accidental e improvisado. No tiene un mito fundacional que pueda explicar su realidad. Esa carencia de mitos deja la puerta abierta para que estos se desborden ante cualquier suceso inaudito. Así ocurre con la aparición del primer personaje del pueblo: el astrónomo que predice el acercamiento de un planeta de fuego hacia la tierra y el fin del mundo. A partir de este personaje, que no alcanza la categoría de figura mítica, se dan a conocer otros que van conformando el paisaje de Villa Alemana: el mendigo hippie que había matado a sus padres; el indigente que antes de serlo estudiaba arquitectura y enloqueció por el consumo de drogas; y claro está, el vidente. Su figura adquiere consistencia tanto por su extravagancia como por el contexto histórico y político en que se inscribe. Y es recién con su construcción mítica cuando se da lugar a una fundación simbólica de Villa Alemana, pues en ese momento es cuando su realidad puede ser representada y explicada.

El mito en torno al vidente y la ciudad se construye en un contexto político autoritario en el que se obliga a tener solo una representación de la realidad si no se quiere arriesgar la vida. El mito, por tanto, suscita la posibilidad de desbaratar esa realidad impuesta y afirmar que “la Virgen es una superchería, una farsa, un engaño que ha atraído a la gente, desesperada por alguna revelación que los sacara del horror o el tedio” (81). Lo mítico en el vidente radica, entonces, en el hecho de que un niño huérfano, tan a la deriva como su propio pueblo, haya sido quien lo sacó del anonimato con una situación tan inaudita como una revelación mariana. Y así se van sucediendo uno tras otro evento mínimo pero extraño. Todos ellos tienen en común la suerte del vidente: que desde un punto particular y precario logran propagarse por el mundo, para luego volver a su punto de origen ya no como anécdota, sino como figura mítica. Así ocurrió también con la banda nombrada como la planta psicodélica que puede ser encontrada como maleza en las veredas del pueblo, La Floripondio, que luego de haberse conformado en las tocatas de “la micro” se va de gira a los escenarios europeos.

Ante todas estas figuras míticas creadas para mitigar la abulia de las tardes estáticas, es inevitable que en Villa Alemana no se constituyera un micro mundo: “conquistamos el centro, que era una versión en miniatura del mundo” (86). Esta versión tiene sus miembros que comparten una sensibilidad similar. El narrador dice: “Aprendimos a reconocernos a la distancia: una fuerza de gravedad común nos atraía a lo lejos” (86). Y como en un buen micro mundo, sus miembros han construido una “mitología ahí, con esos pedazos, con ese sonido” (87). Esos pedazos, ese sonido corresponden a la fragmentaria composición de la realidad, lo que aún no se puede nominar pero que se reconoce como el “ruido”.

¿Y qué nos dice el ruido? Aún no consigo descifrarlo, pero está instalado en mí como un perpetuo telón de fondo. El ruido va y viene, el ruido es distinto en cada lugar, pero sigue siendo ruido. Algunas veces se pone a sonar más fuerte, como cuando en la punta de un

cerro al norte de Italia veo la estatua iluminada de una virgen recubierta de oro. Pero lejos de emocionarme su imponencia, me quedo absorta en la sombra de su silueta inmensa que se proyecta en el cielo nocturno y nublado, una verdadera aparición, la misma que quisimos ver en el Monte Carmelo de Peña blanca.

[1]  Véase: http://www.revistaintemperie.cl/2015/12/22/modas-literarias/.

Enfrentarse al género [lírico- femenino] y a sus nuevas figuras desde lo cotidiano de ser mujer y escribir un par de líneas

Por:  Joyce Olavarría

Muchas mujeres juntas cantan a esto:
una está en la fábrica de zapatos maldiciendo la máquina,
una está en el acuario cuidando una foca,
una está, indolente, tras el volante de un Ford,
una está recibiendo el dinero en la caseta de cobro,
una está amarrando el ombligo a un becerro en Arizona,
una está a horcajadas sobre un cello en Rusia,
una está cambiando las ollas sobre la estufa en Egipto,
una está pintando color de luna las paredes de su recámara,
una está muriendo pero recuerda un desayuno,
una se tiende sobre su estera en Tailandia.
una le limpia el culo a su hijo,
una mira por la ventana del tren
en el centro de Wyoming y una está
en cualquier parte y algunas están en todas partes y todas
parecen estar cantando, aunque algunas no puedan
dar la nota.

Dulce peso,

en la alabanza de la mujer que soy

déjenme usar una mascada larguísima […]

AnneSexton, En alabanza a mi útero

Hace un tiempo me comentaron que unconocido de años, más un grupo de hombres que suelen definirse como poetas, performistas, homosexuales, defensores de etnias y feministas, había estado hablando sobre que “está de moda escribir y ser mujer”, su discurso en realidad era algo así como:si eres mujer, entonces ponte a escribir porque eso se lleva ahora, sobre todo en el tema de los premios o las publicaciones,porque el jurado premiará a una mujer para quedar bien, tienen más posibilidades de ser editadas hoy más que ayer …a lo que yo me pregunto ¿premios? ¿qué premios?, y bueno, en lo de las publicaciones … entonces debo pensar que las mujeres que estoy leyendo actualmente fueron editadas por ser ¿mujeres?. Me sorprendí, pero no tanto en verdad, ya que con el paso del tiempo y con el ir y venir de semanas frecuentando lecturas en bares o eventos varios, me di cuenta que el discurso no está muy lejano a la realidad. Yo, que no me defino por escribir sobre la “reivindicación del género” como le dicen algunas amigas, me he puesto en total estado de alerta ante esta situación. Sorprenderme de un pensamiento machista, no, ese no es el punto, pero hacer que jugamos a la perfección con el lenguaje escrito, pero luego en el discurso oral del día a día manifestar posturas altamente contradictorias, me está empezando, por decir lo menos, a asquear. Esto no significa que no se pueda – como todo ser humano –ser contradictorios, pero hay un límite en lo burdo, lo ridículo e incluso burlesco de estas formas  irrespetuosas de la convivencia tan cínica que llevamos.

 

Cuando nos autodenominamos “artistas” de esta o aquella índole, “comprometidos”, vendiéndonos gracias a tal o cual discurso, es que deberíamos tener especial cuidado. Llamarnos disidentes del patriarcado y hacer comentarios misóginos ya sea contra la pareja, la hermana, la madre, el trauma (causado por las mencionadas anteriormente) o la escritora que está sobre el escenario leyendo; hablar de igualdad de género, pero querer emborrachar a la muchacha que comienza a frecuentar el bar de turno después de lecturas poéticas; hablar de igualdad de género, pero reivindicar la figura masculina homosexual por sobre las demás; jugar con todos estos términos para sentirse parte de la disidencia, encajar haciendo notar que no encajas, que eres un vanguardista, es de lo más común que me ha tocado ver (no podría decir solo el último tiempo) sino en realidad desde los inicios de la experiencia personal con el medio literario. Con esto no pretendo generalizar a todos aquellos que escriben, ni encasillar solo al género masculino, pues es más bien, repito, la idea del sentirnos superiores en distintas formas, detrás de distintas máscaras, predicando el amor por la literatura y la poesía, cuando lo primordial ha sido promover el ego y la superioridad intelectual, moral o tan solo de influencias. Ese es el foco que me preocupa realmente, el que me pone en alerta y me ha llevado a dudar si seguir en esto de escribir un par de líneas. Eso más que el sexo del cuerpo desde el que se proyectan estas palabras destinadas al desastre; con lo cual tampoco me encierro en una exclusividad del medio poético, pues debe ser similar en todo tipo de artes, humanidades, disciplinas, etc. Sin embargo, se escribe con mayor propiedad desde lo que se conoce y esta ha sido, insisto, mi percepción personal ante el caso del sentirme sujeto-objeto de la misoginia proveniente del escritor.

El uso de la escritura en sí mismo es un espectáculo permanente, íntimo o público, se utiliza la escritura para liberar la idea que ronda en las cavidades más diversas de la existencia de cada uno, pero entonces ¿es necesario más show?¿es necesaria la competencia de quien es más complejo (y vuelvo al término “disidente”) en al “ambiente cultural”?

Como figura femenina que tiende a ser vista en un principio como objeto para luego ser desechado con fuerza por demostrar algún tipo de desinterés ante la imagen masculina dominante, o por mostrar algún instinto masculino que desconcierta a la figura externa que quiere y desea el poder, es que comencé a elaborar una reflexión interna sobre la imagen popular que se tiene del gavilán dentro de las demostraciones de dominio tanto sentimental, como tan solo referente a las relaciones de “compañerismo” escritural. Pero este gavilán ya no era el macho patriarcal del que se suele hablar en las conversaciones de los patios universitarios después de leer algo de feminismo entregado por alguna académica que al mismo tiempo está igual de oprimida por el poder de alguna institución, sino que es un nuevo gavilán que no utiliza el sistema patriarcal en su discurso, al contrario, lo hace su enemigo, se enfrenta a los “discursos de poder” para finalmente utilizar esa figura a su favor, posicionarse en un circuito artístico “posmoderno” que al mismo tiempo reniega del posmodernismo, y así logra mimetizarse entre la gente,ser el más dulce gavilán que es incapaz de arremeter contra el género, porque desde el mundo que ha construido, se estaría atacando a sí mismo. Hasta este punto es increíble como al leer las palabras anteriores, sé que habrá más de un lector que me encasille con algún adjetivo o creencia, postura, etc. sin leer realmente lo que se quiere entregar, una visión íntima sobre la lucha de poder por figurar, que se ve exacerbada por la imagen masculina dentro del mundo de las letras.

Sin embargo, es la figura masculina ambigua la que se pone en jaque esta vez ante una definición personal que se proyecta a continuación:

 

“El gavilán reaparece, es invocado con palabras lejanas, reaparece, nadie quiere verlo, yo no quería verlo, pero el gavilán es poderoso, muta de cuerpo en cuerpo para hacer notar su presencia, el gavilán es perverso. El gavilán forma parte de un grupo de gavilanes, el gavilán es parte de la “disidencia”, los gavilanes se consideran “feministas” pero no tienen problemas con la misoginia, la practican día a día, pero que nadie se de cuenta porque sus términos disidentes quieren demostrar lo contrario; tampoco tienen problemas con la violencia, ni con escupir fuego al pronunciar el nombre de una mujer. El gavilán se escuda en la “vanguardia”, en el arte, pero juega con los temas más sensibles que puede encontrar a su alrededor. Toma el dolor ajeno y lo promociona, toma dolores ajenos pues no se expone, se vende, pero no se expone. El gavilán sí miente, el gavilán es totalmente veleidoso, el gavilán desgarra entrañas y las come con placer. El gavilán sufre, pero quiere ver arder al resto para cubrir su dolor, el gavilán se transforma, un grupo de gavilanes le da cobijo, otro grupo de gavilanes en formación le sigue. Hablan de poesía como un producto, hablan de lo que “está de moda”, hablan de lodiferentes que son, pero no toleran, no toleran ver su ego manchado, no toleran ser menospreciados, porque creen que solo el poder que tienen por ser gavilanes les otorga un derecho inventado de menospreciar, criticar, señalar y encasillar a los otros. Los gavilanes hablan en femenino porque las “minas están de moda”. El gavilán ha perdido el respeto. Los gavilanes no dimensionan la lucha, no cambian el panorama, a todo le terminan dando un aspecto banal, porque lo importante es el show, el ego, el sentirse observados y deseados, envidiados, que hierva la envidia en el ojo ajeno porque el gavilán es poderoso y vive en la performance, hace de su vida un acto magistral, donde siempre es el bueno y los demás deben observar su “compromiso”. El gavilán repartió la enfermedad por el continente, siento el asco en la garganta, puedo palpar la bilis brotando con furia al recordar lo que he observado, lo que me hicieron, lo que hacen, lo que nadie se atreve a decir, lo que les hacen a aquellos que no se detienen a pensar en el único principio que sirve para reivindicar cualquier causa: el amor”

 

Por este mismo deseo de amar libremente las cosas, es que no quisiera ver empañada la escritura por estas caretas que he mencionado, que no se ensucie el lenguaje con la desconfianza de las palabras que pronuncian sus autores, que mis compañeras no olviden el valor del lenguaje por solo utilizarlo en su defensa, que mis compañeros no utilicen el lenguaje por estar a la vanguardia. Que la gente no asista a lecturas poéticas para mostrar la chaqueta nueva que se compró en la feria cuando realmente llegó en taxi al evento, que el vino sea una excusa realmente buena para acompañar la conversación posterior y no una forma de enjuagar el tabaco de la boca que te dejaron todos esos cigarros que fumaste para matar el tiempo. Que los autores que ya son “reconocidos” no sean tan selectivos, que los poetas viejos dejen de echarle el ojo a las cabras chicas, porque yo también fui cabra chica y molesta; que olvidemos el género, que los gavilanes defiendan realmente las causas que tanto pregonan, que no anden sacando fotos a niños mapuches con los mocos colgando para ganarse proyectos FONDART que en nada ayudarán a esos mismos niños, que los gavilanes se informen y luchen en serio por los derechos LGBT y no se sientan una sociedad aparte (y superior), que aprendamos a criticarnos, que sí nos escuchemos y leamos y odiémonos, pero dejemos las caretas de lado y quizás así, solo así me atreva  como profe a invitar a mis alumnas/os a que empiecen a escribir y visitar lecturas en eventos y bares, que sepan cómo enfrentarse a los gavilanes, que no los pille con el puro gusto por escribir y leer, porque los egos funcionan como poderosas armas y el deseo de poder puede verlas/os indefensos/as y sedientas/os del mismo poder. Nos creemos artistas apartados de los demás, pero reproducimos los mismos patrones sociales,solo que en comunidades más pequeñas.

“En la alabanza de la mujer que soy…” quiero vivir la escritura de la forma más tierna y sincera posible, compartiendo con todos por ese mismo gusto y no por figurar, dejando de taparme, dejando de tener miedo del juicio tan podrido que avivan los otros, dejando de pensar que si publico algo el resto pensará que fue por ser “amiga” del editor, etc. “En la alabanza de la mujer que soy…” quiero que mis colegas me crean en serio, les crean a mis compañeras, que mis compañeras también me crean y yo creerles a ellas, escribir tan naturalmente como a los siete años.

Poema y búsqueda en Ximena Rivera

Poema y búsqueda en Ximena Rivera[1]

Por: Natalí Aranda.

Ximena Rivera desea volver a la unidad fragmentada por el nombre; logos que al aparecer rompe con la continuidad originaria. La primera experiencia entre su cuerpo y los otros es de completa unidad, la palabra, dentro de este espacio, aparece como herida. Se escribe por la herida y por la nostalgia de un origen no mítico, sino cotidiano. Anhelo de unir los bordes del abismo. Volver a ese momento antes de la separación/Antes de lo falso o verdadero…/antes de la otredad.  ¿Es su poesía una forma de volver a ese instante? Una vuelta a uno mismo/no al que fue o al pasado, sino al ahora. Poesía como creencia,  fe en un lenguaje capaz de reconstruir la experiencia originaria al volver al ahora de uno mismo, momento que sucede a pesar de la constante lejanía. Su poesía es huella, rastro del origen. Poesía como el primer temblor de la separación, dolor de la unidad arrebatada. Poesía y abismo, palabras semejantes. Su verso, es la palabra que tiembla ante la ausencia. Sujeto enfrentado al vacío. Su escritura es el rastro de un significado sagrado, de una experiencia que no es perderse, como ocurre en el fenómeno místico, sino un encontrarse; volver de la ausencia de uno mismo, producida por la palabra. Pero, a pesar de esto, ocurre lo siguiente: cuando todo el mundo se ve/ el mundo inevitablemente habla. Hay una hablar que mantiene la unidad originaria. La fantasía del origen/es creer que todo está en silencio. La experiencia del origen se alcanza dejando hablar al mundo. ¿Es en este sentido el poeta el gran ausente? Ausencia de un logos, palabra o razón que nombre al mundo. En su silencio el mundo habla con su propio logos, Heráclito lo dijo y Ximena Rivera lo confirma en su búsqueda. En el origen las cosas no están en silencio, tienen su palabra. Poeta-escuchador, poeta-puente entre palabra-mundo. Ahora bien, Ximena Rivera sigue en la huella, no llega al momento originario y  la razón al parecer se esconde en  los supuestos metafísicos que le sirven de sustento a una búsqueda que parece interminable. ¿No será una labor del poeta estar en constante búsqueda y no llegada? Su intento es reconstruir la unidad de la experiencia originaria, pero su verso al no alcanzar aquel anhelo es figura del vacío. Profunda huella de sí, nombre sobre nombre, escritura sobre escritura, no hay contenido ni significado que unifique al verbo. Aire movido por los labios, como dice Teillier, palabra que encuentra su origen en una dimensión inmanente. El mundo que habla es el de la hoja, no hay un afuera de ella. Pero Ximena Rivera sigue en la nostalgia de mundo, poeta completamente  metafísica, su deseo es la presencia como unidad espacio-temporal. Que tras las palabras no estén solo palabras, sino los rostros, los cuerpos; que al decir dios se encuentre dios y no solo su nombre.  Pero su intento queda allí, su búsqueda se ve limitada por la ausencia. Ximena Rivera no reconstruye la unidad originaria, solo su nostalgia. Lo que logra es la posibilidad del poema de ser lo sagrado, lo sagrado como búsqueda, como camino y no como llegada. Su poema es lo abierto de la espera, no es encuentro. El poema en ella no funda un mundo, sino su búsqueda. La ausencia como posibilidad, no como clausura.

[1]    El poema de Ximena Rivera (Viña del mar 1959- Valparaíso 2013)  mayormente utilizado es Panfleto contra la cultura.

“Hijos Únicos”, el fantasmal repaso de la nostalgia en Juan Santander Leal

“Hijos Únicos”, el fantasmal repaso de la nostalgia en Juan Santander Leal.

Por David Ortiz

“Hijos Únicos” es el título de la nueva publicación del poeta Juan Santander Lea (Copiapó, 1984). Un poemario de 65 páginas editado por Ediciones Overol, editorial independiente que el 2015 publicó sus obras completas bajo el nombre de “La Destrucción del Mundo Interior”.

 

En una tertulia en un bar, llegó a mí la nueva publicación de Juan Santander Leal. A primera vista resalta el título, que ya emana algunos elementos autobiográficos. Juan no tiene hermanos, eso cambia dinámicas de infancia, cosa que se refleja de una forma muy elegante en el libro.

 

En esa línea destaca uno de los poemas que más ha circulado de este libro: “Gemelos”, publicado en la web Dos Disparos el año 2014. Cito un fragmento:

 

En ese tiempo éramos gemelos.

Andábamos los dos en bicicleta,

siempre ibas escondido detrás mío

como una especie de segundo nombre.

 

La simpleza de los versos de Juan sigue presente en esta publicación, la cual ha sido catalogada de “exacta” por varios críticos.

 

Con versos cortos y precisos es capaz de generar imágenes de una profundidad conmovedora, a partir de elementos cotidianos. Cito el poema “Arena Negra”.

 

Los lobos marinos toman sol,

Un pato lleva horas en el agua

Como un narrador omisciente

Encerrado en su propia novela.

 

Una consecución de imágenes que se revelan como fantasmas al repasar la propia vida del  autor. Santander nos traslada a instantes particulares de su experiencia.

 

Me hace sentido catalogarlo como una consecución de bellas escenas fantasmagóricas.

La palabra “fantasma” tiene como raíz antigua la phanein que quiere decir brillar, aparecer, mostrarse, hacer visible. Por lo tanto los fantasmas son imágenes reminiscentes de un pasado.

 

La obra de Santander está llena de estos fantasmas, que juegan entre la luz de la tarde, en la arena de la playa o en la humedad de la camanchaca dejándose caer por la ciudad de Copiapó.

 

Luces y sombras que juguetean, ya sea en las penumbras, en el crepúsculo, en el contraluz, que van dibujando escenas que dan forma a una suerte de película autobiográfica plagada de cuadros, con una bella composición en su fotografía.

 

Flash backs de idas a la playa, paseos por el centro, juntas familiares. Imágenes del arribo a un Santiago de los años 2000 y la relación con un Copiapó todavía pueblerino que quedaba atrás.

 

Un libro interesante, donde el repaso por un pasado copiapino sorprende en su claridad y lucidez y del que emanan recuerdos que se transforman en los versos de “Hijos Únicos”.

 

Cine Alhambra

Cada sábado íbamos al cine, 

el verano aplastaba la ciudad, 

comíamos churros con azúcar flor, 

la entrada costaba mil quinientos.

 

Me gustaba leer en la penumbra

el letrero luminoso de salida, 

el domingo venía caminando

para decirnos quienes éramos. 

 

En la sala no había casi nadie.

De vez en cuando un espectador, 

pegado todo el día en su butaca

como una estrella de mar en la piedra.

 

Las películas llegaban meses tarde; 

los extraterrestres llegaban tarde,

los súper héroes llegaban tarde,

los viajeros en el tiempo llegaban tarde. 

 

Cabaña

La docena de locos congelados

en la cocina me otorgan la razón, 

que soy un habitante a la fuerza, 

el calor cae por una gotera

 

y los parientes miran de reojo. 

No quise que me dijeran qué hacer, 

ni que me vigilaran en las tardes

con la cara pegada al mosquitero.

 

Los guanacos se escapan al cerro, 

la cabaña determina mi conducta, 

la familia entera está en la mesa,

el almuerzo es signo de obediencia.

Si quieres obtener el libro, aquí un link: http://tienda.hueders.cl/products/hijos-unicos

La aproximación a unos ancestros inciertos, 5 dibujos de David Ortiz

DAVID ORTIZ (Copiapó, 1989).  Es miembro de la Sociedad de Escritores de Copiapó, agrupación con la cual ha participado de las revistas De Cierto Lugar II y III. Ha sido publicado en el libro 20.000 Diez Relatos Espeluznantes, de La Pollera Editorial. Tras un par de años de trabajo, presentó su libro Salivario (autoedición 2016), que mezcla su inquietud por las artes visuales y la literatura.

Aquí el texto del autor para presentar estos dibujos:

ANCESTROS INCIERTOS: Las genealogías van determinando pautas de poder. Los linajes existen para dar sustento y trascendencia a la existencia de individuos particulares. Si nos situamos como personas individuales sin pasado, sin cargas simbólicas, quedamos en cierta forma desprovistos del trabajo de nuestros ancestros. Si pensamos por ejemplo en las élites europeas, en sus ramas familiares que están claramente definidas hacia el pasado, vemos que un árbol genealógico no es sólo una anécdota, sino que es la madera a partir de la que se construye la justificación del rol que ejecuta tal o cual persona. Durante cientos y miles de años, la clase popular, los grupos dominados en europa y el oriente próximo, no tenían acceso a un apellido. La ligazón de un linaje era exclusiva para quienes detentaban el poder real y lo reforzaban a través del simbólico. Cuando los europeos invaden América, la misma lógica se hizo presente, pero a gran escala. En pueblos cuya historia existían largas genealogías, no solo familiares, sino de comunidades y civilizaciones completas, se trató de borrar la memoria colectiva. Se arrancó de cuajo las genealogías, para quitar poder simbólico. Se mató dioses para reemplazar por uno solo. El caso mesoamericano es el más brutal, se destruyeron casi todos los códices mayas, por ejemplo. En el caso andino, se logró resistir a través del arte y la mezcolanza entre la élite cuzqueña y el invasor español; la memoria de los pueblos invadidos. La élite del incanato era necesaria para establecer redes de poder hispano en el tawantinsuyo. Sin embargo, a los cientos de pueblos que no tenían el poder cuzqueño, la suerte les fue muy diferente. Fueron condenados a ser cristianizados, a absorver la cultura judeo cristiana como verdad, con todos sus sincretismos. Terminado el proceso colonial, llegan las repúblicas, con una idea eurocéntrica del concepto de estado-nación, principio liberal, que viene a reemplazar la idea imperial anterior, donde podían convivir distintas culturas bajo el mismo rey. Las repúblicas exigían pueblos homogeneizados. Ciudadanos lacayos uniformados y no siervos diversos entre sí. Esto hizo que los nuevos estados latinoamericanos dejaran de lado el sincretismo y la convivencia que hubo de algunas culturas con este poder centralizado del Rey de España o del rey de Portugal, según cada caso. La propuesta de las autoridades y los grupos de poder, era que se nacionalizaran a los pueblos indígenas. Uno de los casos más brutales fue el de Argentina en la campaña del desierto, donde se arrasó con la población indígena y gran parte de los cuerpos de este genocidio se enviaron al museo de Buenos Aires para ser exhibidos como el pasado que se dejaba atrás en una nueva Argentina, moderna y civilizada. Un cementerio de museo. En Chile, a medida que el estado fue creciendo fue nacionalizando a las personas, creando una idea de estado uniforme. La memoria de los pueblos del norte se modificó a la fuerza. Cárceles para chilenizar a “los indios”, azotes para quienes hablaban en aymará en el altiplano después de la invasión y conquista del extremo norte. ¿Changos, diaguitas, aymarás, atacameños, collas? ¿Existen realmente hoy? ¿Es inválida la etnogénesis? ¿Ser indígena para obtener beneficios o para hacer resistencia? ¿Qué pasa con toda la gente que tiene ascendencia indígena y se pregunta donde fue esa cultura diferente de lo que se entiende como “chilenidad-moderna” “chilenidad-republicana” “chilenidad-oficial” “chilenidad-estatal” “chilenidad nacional”? Qué pasa con los habitantes de territorios como Atacama, que es una zona tan extensa como Irlanda, Croacia y Panamá. Sin una historiografía alternativa, ¿Cómo podemos saber cuáles son los límites de lo chileno, y dónde empieza lo ancestral indígena o ancestral de orígenes insospechados? Hebreo colla- árabe diaguita – chino mapuche ¿Es válido crear un imaginario a partir de fragmentos de una memoria atacada por la oficialidad? A partir de un naufragio, ¿es posible y legímito construir una nueva embarcación con los restos de la anterior? ¿Es compromiso social el apelar a un imaginario propio, artístico, orginal para usar como depositario de una herencia cultural incierta y desconocida o sólo se trata de un snobismo intelectual? Preguntas y reflexiones para este trabajo gráfico. Es sincrético, una indagación individual para desde el arte dar cobijo a una herencia ancestral de un territorio que perdió su genealogía. Un espacio que se puede rellenar de simbolismos a la vez que sincréticos, resignificadores de ideas que vienen desde otras ancestralidades. No son respuestas, son sólo inquietudes. Ancestros Inciertos es una invitación a crear imaginarios propios, imaginarios donde la utopía invita a generar proyecciones simbólicas de otros mundos, que no son ni pasados ni futuros, que habitan un tiempo indefinido. Como dice Piglia en Antología Personal: “La utopía reside en construir artificialmente la experiencia y vivir como propias vicencias que nunca se han vivido”.

Jorge García Prieto: Nueve poemas desde Cuba

Jorge García Prieto (La Habana, Cuba, 1979). Técnico Medio en Mantenimiento Eléctrico. Piscicultor y Promotor Cultural. Ha impartido talleres literarios en clínicas de salud mental  a pacientes que sufren de esquizofrenia y para el sistema de Casas de Cultura. PREMIO DE POESÍA MANUEL COFIÑO 2007, Segundo lugar en el CONCURSO NACIONAL DE POESÍA RAFAELA CHACÓN NARDI 2007, finalista del Premio DAVID 2012. Tiene publicado el libro POEMAS  SUBSIDIADOS(Editorial La Pereza, Miami, 2013) Textos suyos aparecen en las antologías  ESTA CÁRCEL DE AIRE PURO (Editorial Abril, 2011) y EL ÁRBOL EN LA CUMBRE (Editorial Letras Cubanas, 2014). La editorial EXTRAMUROS tiene en proceso su cuaderno CANTO AL MARGEN. Como productor de rodaje ha trabajado en los largometrajes LA ESCRITURA Y EL DESASTRE  y LA ESTACIÓN DE LA FLAUTA bajo la dirección de Raydel Araoz. Nos comparte algunos de sus trabajos en Literror.

1.

Salgo en busca de arroz

y regreso con libros.

Salgo en busca de aceite

y regreso con libros.

 

Cualquier rincón es un altar donde amontonarlos.

El polvo que imantan

es la voz de mi hambre y de mi soledad.

Mis mujeres no advierten a la hora del arroz y del aceite

esta fosforescencia que se filtra por los hoyos del morral.

 

Las he visto desnudas desafiarlos

y yo amo la desnudez de las mujeres

mucho más que El Cantar de Mio Cid.

Pero al cabo del tiempo ellas se visten

dejan espacios vacíos que muy pronto

son conquistados

por decenas de libros.

 

 

2.

Una rodaja

gruesa

de cebolla

en cada ojo. Gruesa

para que el viento se demore entre los aros.

 

Hay quienes aceptan

la refracción

a través de los aros de la cebolla.

Hay quienes logran burlar el ardor, la humedad picante,

lágrimas

por los surquitos del rostro. Hay

quienes presumen

no poseer detrás de sus rodajas más que otras rodajas

y otras y otras hasta que les estalla la nuca y como serpentinas

brotan trenzados los aros de cebolla.

 

Yo sueño el ojo limpio con su lágrima de abril o de noviembre.

Imagino el mundo

lo cotidiano

los troncos de los árboles, la luna en cada charco

las manos de mis hijos.

 

3.

Nada nos gustaba más

que jugar a matarnos.

Instinto gladiador, pistilo

en la rudeza de la cuaresma

cuando el viento arremolina el polvo de los callejones.

 

Un disparo y la sangre imaginaria

descalcando las paredes, una patada

al estilo del Bruslí, una flecha

untada con veneno.

 

Nada

ni el carro musical de los helados

nos deleitaba más que nuestras muertes.

 

4.

Bolas de cristal, soldados, trompos

sellos inservibles aislados de otros sellos, carritos que la palma

de la mano atesoraba…

 

Siempre de ladrón y nunca policía.

De alero en alero

de portal a portal

la adrenalina infantil despertaba a los perros.

 

Una señora a gritos maldecía a mi madre.

 

Ella esperaba la noche

para leerme a Milton.

 

5.

No puedo así escribir ni tumbar los aguacates

ni siquiera distinguirlos

entre el follaje. Quiero alinear

la frente con el cielo, solo alinear

la frente con el cielo,

que los vecinos terminen su oración y puedan

por una vez peinar a Dios, espulgarlo.

Sé que adorarán esas pulgas con más fervor que a sus hijos

las llevarán en las cejas a conocer el amanecer,

dejarán de afeitarse el vello público, competirán

enumerándolas inhumanamente.

 

Tendré el silencio de quién respira en el bosque

o en el desierto

o sobre un iceberg.

 

6.

Rasos los días, carecen

de misterio las puertas.

Un zumbido de moscas agrieta la quietud.

Oh, corazón cantado

con tu aparato eléctrico como una pulga de Francia

perdona que te ignore. Estoy arrecifando un túnel.

He de lograr que mi lengua no tenga la tensión

de una cuerda de piano, que no reboten

las huellas dactilares del ahogo.

 

Desde la pantalla

dos náufragos se atragantan de semillas.

Expiran, cómplices, sobre la arena.

 

Todos los náufragos se aman.

A la soledad

conviene pintarle un cocotero, una paloma gris

un manojo de mortíferas semillas.

 

 

7.

Unos cristales nacen de mis poros.

 

en la filosofía del abrazo se regocija la luz

quisiera no saberlo, respirar maravillado

por el girar de la gente en los parques de provincia.

 

Yo giré también como una aguja sobre la libertina superficie

de la madrugada.

Yo era feliz.

Quisiera no saber la diferencia que existe entre ser feliz

y haber sido feliz.

 

En dos bandos van los hombres

dictó el apóstol.

 

Yo tengo unos cristales

imaginarios

y crecen excluyéndome.

 

8.

Crudo

que no baste con querer.

 

Como Henrry

Charriere cuento las olas.

 

El concepto de la huida al chocar contra mi frente

deja incrustada una estrella.

 

Con ella me alumbro y me delato.

 

No he tenido el valor de cortarme la cabeza.

La bajo, la disimulo, la maldigo a veces.

 

9.

El dilema de hallar un sitio donde el cuerpo se enrosque

cuando la lluvia arrecia su aliento milenario, la bendición del agua

resbalando de la cabeza a la tierra, el recuerdo punzante de la hornilla

con el perfume del arroz como un sombrero…

 

Comienza el sol en la vida del mendigo.

 

Debes de andar olfateador de sobras

convicto de libertad en tu miseria.

 

Los mendigos también tuvieron un gato de peluche

un cometa sujeto en su metáfora, una placenta durante algunos meses.

 

Los dientes cariados del mendigo se esconden más atrás que el rostro

el pecho es como un túnel donde el polvo se condensa hasta formar un corazón.

¡Estoy Artaud! (Antonin y las Genealogías Híbridas)[i]

¡Estoy Artaud!
(Antonin y las Genealogías Híbridas)[i]

 por: Denial.

Reencarnado, Antonin da cuenta de su lenta descomposición. Alienado, se lo comen, lo internan, lo suicidan… Mientras, presta el cuerpo. Los CUERPOS: tres modelos de exceso.

-El Cuerpo sin órganos

-El Cuerpo muerto

-El Cuerpo de escritura.

Estos cuerpos atados van alienados. La alienación está llena de imposturas. Condenado. Pienso, hablo y me muevo como marioneta, ligado a lógicas identitarias de reproducción que tensan los hilos del devenir. Devenir otro, siempre YA alienado.

Genealógicamente hablando, podemos “devenir otro”, que aunque siempre YA alienado por la sociedad, es preferible a ser comido o suicidado por la misma.

Pero, ¿qué son las genealogías?

Para Foucault, la articulación del cuerpo mismo del devenir y de la historia[ii]; es decir, la disociación sistemática de nuestra identidad, ya sea como una ruptura (textual y violenta) o como un enmarañamiento.

Artaud va más por el enmarañamiento que por la ruptura, desmereciendo a ninguna:

“Cada cuerpo está ligado a otros cuerpos, que envuelve al mismo tiempo que lo envuelven, que contiene al mismo tiempo que lo contienen, en modos diferentes”.[iii]

Por lo tanto, este enmarañamiento propuesto no es simple mezcla; es más bien un exceso de pliegues, infinito, que no llega a lo acabado.

¿Qué logramos con esta disociación enmarañada de nuestros excesos genealógicos?

Cambiar, romper, disociar el concepto de cuerpo como un organismo impermeable; fijo, parasitario, que aliena el espíritu y lo convierte en cadáver viviente. O, en palabras de Artaud:

“Hace 4.000 mil años que el hombre tiene una anatomía que ha dejado de corresponder a su naturaleza. La anatomía en la que estamos varados es una anatomía creada por burros de carga, médicos y eruditos que jamás han podido comprender un cuerpo simple y que para vivir necesitaban encontrarse en un cuerpo que les respondiera y al que comprendieran.”[iv]

La sociedad se come a Antonin y luego lo interna. Porque Artaud ve los estados de vida estratificados de la sociedad y que estos van reducidos a la mera norma de un registro civil. Y ese “ojo que diseca… el ojo de Van Gogh, el suicidado por la sociedad”[v], es de lucidez extrema. Locura, dice la sociedad. Y a la locura le sigue el internamiento.

Internar es producir un lugar sin dentro ni fuera, un lugar sin pasado ni futuro, sin memoria ni porvenir, sin archivos ni genealogías; en consecuencia, generar las condiciones necesarias para invisibilizar y cegar al “ojo que diseca”.

“Allí donde huele a excremento/ huele a ser./ El hombre podría haberse abstenido de cagar,/             mantener cerrado el bolsillo anal,/ pero eligió cagar (…) Para no defecar,/ debería haber             aceptado/ no ser”.

            Artaud, “Para acabar con el juicio de dios”.

-Un cuerpo internado sabe que la sociedad fabrica cuerpos muertos y que estos cadáveres sirven como órganos para el buen funcionamiento del cuerpo colectivo.

-La sociedad fabrica estatutos médico-legales para los cuerpos sin órganos.

-Se falsifica el arkhé[vi] del cuerpo muerto. El archivo. El acta de nacimiento y defunción.

-Se me suicida antes de nacer.

De ahí que el encarnado Antonin, de cuenta de su alienación, de esa violencia de vida que quiere nacer a cualquier precio,[vii] incluso si el ser no lo quiere.

El Cuerpo de Escritura de Antonin Artaud se revela contra Dios, contra la Palabra y la Lengua.

“Y si dios es un ser,/ es la mierda./ Si no lo es/ no existe”.[viii]

El cuerpo de escritura se defiende creando un vacío. “En el espacio nadie oye cuando gritas”, por ejemplo . Y para Artaud, crear este vacío es el trabajo del pensamiento en el pensamiento. Perderse en el pensamiento, MI pensamiento. Y que con esta pérdida se cree la ruptura que engendre el vacío.  Buen lugar de esparcimiento para salvajes pensamientos clandestinos.

[i]     S. Margel, “Alienación. Artonin Artaud. Las genealogías híbridas”. Metales Pesados, 2016.

[ii]    Íbid, p.29

[iii]   Íbid, p.20

[iv]   Íbid, p.31

[v]    Íbid, p.35

[vi]   Íbid, p.46

[vii]  Íbid, p.73

[viii] A. Artaud, “Para acabar con el juicio de dios”.