Reflexiones de una mesa de discusión sobre autogestión y arte, pensando desde los márgenes

Total libertad es total responsabilidad 

En marco de los 5 años de Literror, el sábado 31 de agosto de 2019 se realizaron dos mesas de discusión: Arte y territorio y Arte y autogestión. Este escrito refiere a la segunda.

Las ideas expresadas estas líneas no son propiedad ni exclusivas de quien redacta, como tampoco lo son de quienes las enunciaron durante el conversatorio ni de quienes elaboraron las conceptualizaciones tomadas para iniciarlo. Se trata más bien de un ordenamiento colectivo de problemáticas e intuiciones –se adelanta que no encontramos soluciones—que dicen relación con el arte y el trabajo, o si se quiere, de la comunidad versus el Capital.

El mismo sábado, mientras sin auspicios un puñado de personas en Copiapó se reunía en torno a las problemáticas anteriormente planteadas, otro puñado de ricos disfrutaba sin mayor cuestionamiento el lujo producto de la explotación (no los conocemos, no vemos sus caras, pero sabemos que existen y con asco y rabia los podemos imaginar). A la vez, un puñado de compañerxs se encontraba en Concepción ordenando tras una fiesta que permita financiar una feria del libro autogestionada, y otro se encontraba en Vallenar realizando una varieté con presentaciones y talleres artísticos sin más finalidad que crear una opción de diversión para gente de todas las edades. De forma paralela se desarrollaba en Huasco el evento “Arte río, fiesta ciudadana”, auspiciado entre otros por el Estado y el proyecto minero NuevaUnión (Teck y Newmont Goldcorp), llenando de colores y alegría la zona de sacrificio donde la tasa de muertes por accidentes cerebrovasculares es 381% más alta que el promedio del resto del país, por causas cardiovasculares es un 71% más alta, y las afecciones respiratorias son un 51% más frecuentes.

Reconociendo la multiplicidad de opciones para vivir la vida nos preguntamos desde el arte qué es la autogestión y, en segundo lugar, si el arte pierde su esencia cuando es subvencionado por agentes que nada tienen que ver con la creación en sí misma, como serían empresas privadas o el Estado.

Una primera posibilidad es pensar la autogestión como la organización de los recursos y la sociedad desde una ética anarquista. Esto quiere decir que no se puede mirar sólo la dimensión administrativa de lo que se quiera organizar, y desde que ya un “emprendimiento” que sólo pretenda generar dinero (aunque tuviese fines altruistas) y funcione en lógicas verticales no equipara a autogestión, como tampoco lo sería levantar una candidatura política sin dinero pero pidiendo cosas “prestadas” a privados o un municipio. Tampoco calificaría un “emprendimiento” individual, pues es requisito para la autogestión la existencia de relaciones dadas por grupos de afinidad, que son núcleos de pensamiento y crecimiento. Tales grupos, a su vez, están conformados por individualidades de total responsabilidad. Responsabilidad de autoconocimiento, autocuidado, autocrítica, del esfuerzo permanente de erradicar en las prácticas cotidianas todo aquello que se le critica a la sociedad neoliberal.

Y aun así, a pesar del compromiso y dificultades que plantea dicho entendimiento de la autogestión, se puede decir que la autogestión no es la panacea ni un real escape al capitalismo en tiempos que nos parece más fácil pensar el fin del mundo que el fin del capitalismo.

En primer lugar, se puede decir que trabajar autogestivamente no significa salir de la lógica capitalista del trabajo, y que no es realmente independiente. ¿Cómo afirmar que se combate el trabajo trabajando?

Por otra parte, a fin de cuentas, todas las mercancías se encuentran en el intercambio de mercancías, que es una forma de socializar desde el Capital. Para el Capital no existe un mercado “bueno” (de trabajadores, indigenistas, disidencias sexuales, etc) y uno “malo” (de patrones, machistas, jefes, etc), y no hay diferencia si el producto se hizo con amor o buenas intenciones. Más aun, la mayor parte de las veces, la así denominada “autogestión” se duce a la fase de producción de la mercancía solamente –dejando intactos los procesos de intercambio y de consumo—con sólo ciertos procesos autogestionados, ya que raramente los insumos materiales o maquinaria necesarios están producida autogestivamente, y obtenerlos significa comprar los materiales a empresas insertas en, si no estructurales de, el neoliberalismo.

Desde esta perspectiva, el asunto es que, aunque se trate de un hobby, la actividad productiva está determinada por necesidades del mercado, por lo que las mercancías son del mercado. Nuestras necesidades de goce, comida, comunicación, abrigo, afecto se convierten en objetos o servicios a los que se les pone un precio, definiendo así la sociedad capitalista. Por lo tanto, en el mejor de los casos, la autogestión es tan sólo una alternancia dentro del capitalismo.

Ciertamente no existe una receta para salir del capitalismo. Por ello, desde una lógica de resistencia, aventuramos algunas respuestas a algunas de las problemáticas que se han abordado, en particular desde la perspectiva del arte, en tantos sujetos que generamos, hacemos circular o consumimos arte.

En primer lugar, si hablamos necesidades del Capital, requerimos pensar en qué necesidades nos esconde el Capital, o qué formas de relación no le convienen. Las relaciones autogestivas parecen servirle poco, ya que las mueven necesidades como fomentar la circulación de ideas marginales o subversivas, la necesidad de conectar con territorios entregados a merced del sistema, la necesidad de retribuir, y tener objetivos concretos que estén conectados a darle un sentido a la vida. Se teje así un hilo de buenas voluntades, una suerte de rizoma. Se trata, por lo tanto, de un problema ideológico y de voluntad. De sensibilidad y (auto)conocimiento.

Ante los problemas cotidianos se pueden encontrar dos caminos: hacer crecer el problema o solucionarlo. En la búsqueda de soluciones es donde podemos buscar nuevos mecanismos que ejerciten la libertad y donde se colectivicen las respuestas. En este sentido, la autogestión facilita la búsqueda de soluciones.

Una vez que dichas soluciones son mediadas por el dinero, y en esto incluimos el problema de cómo sustentar la generación del arte, así como la transmisión del conocimiento artístico, es necesario entender que el dinero modifica las conductas y las ideas. La cosa pierde su valor de uso y a través de su monetarización se hace intercambiable y comparable a otras cosas.

En el caso de las subvenciones al arte, se genera una mediación de lo que se supone es propio, y comienza un proceso de filtración. El arte es sometido a un tipo de evaluación que no tiene que ver con lo que al artista inicialmente le interesa desarrollar, y se entra en una competencia por obtener recursos. En este sentido, el camino de la autogestión rompe la lógica de la competencia y la subvierte a través de una lógica de solidaridad. Así se escaparía de lo que quiere el mercado, y se centra la actividad en lo que quiere el artista y su red de apoyo.

Para entrar en la dinámica de la autogestión es también necesario entender el valor del hacerlo uno mismo (HTM, DIY), relacionada con la idea de bricolaje. Es decir, solucionar los problemas a través de los materiales o disposiciones que se tengan a mano y a través de la prueba y el error llegar a la solución. Quienes hayan experimentado este camino comprenderán que a fin de cuentas no se necesitan tantos recursos o tanta profesionalización. A consecuencia de este proceso, se gana satisfacción propia y empatía (por el trabajo de los demás).

De ahí que gane relevancia el desarrollo de los oficios, el contacto directo con la materia. Es hacerse cargo, personal y colectivamente, de los distintos pasos que involucre la resolución del problema, o la creación artística.

Ahora bien, no se puede eludir la cuestión de subsistencia y autogestión. En la búsqueda de escapar del mercado, de rehuir del intercambio de mercancías, de evitar volver el arte una mercancía en un cotidiano donde todo cuesta dinero, ¿cómo (sobre)vivir y resistir el capitalismo? ¿Cómo dar valor al trabajo propio y hacerlo asequible a quienes tienen dinero con suerte para alimentarse, pero que aun así tienen intereses artísticos? ¿Cómo mejorar las condiciones técnicas de las cosas que se requieren para el ejercicio artístico?

No tenemos respuesta definitiva, y todas parecen estar lejos de realmente escapar el capitalismo. Algunas opciones:

  • Alternar y diferenciar las actividades que cada individualidad o colectivo considere para autosustentarse (que pueda ser o no autogestiva) de la artística (que se mantendría autogestiva). Esto puede hacerse simultáneamente o por periodos. No se puede desconocer la tensión y dificultad de asumirlo como tal, pues se genera una suerte de doble vida que hay que conciliar internamente.
  • Ser una rata. Renunciar a tantas cosas como sea posible, reciclar, okupar. Esta opción es más difícil para quienes tienen hijxs, situaciones de discapacidad, enfermedades, y probablemente sea difícil de sustentar en el tiempo.
  • Cada vez que sea posible, robar de las multinacionales, monopolios, duopolios, oligopolios, o del empleador en caso de tenerlo, a fin de amortizar los costos de materiales de la generación del arte o de la mera subsistencia personal, como comida u otros de la natural mantención del hogar.
  • Leer permanentemente respecto a estas temáticas puede ayudar a ir tomando pequeñas decisiones. Por ejemplo, ante la duda sobre si comprometer trabajo colectivo, entender la idea de grupos de afinidad y la perspectiva con que unx esté mirando el mundo irá guiando ese tipo de decisiones. Se puede concluir que no es realmente autogestivo un colectivo que se agrupa sólo gremialmente a hacer un evento sin patrocinios, ya que la agrupación está dada por el oficio y no por profundas confianzas y similares formas de ver (y vivir) la vida.

Reconocer que no tenemos una respuesta a la pregunta más gravitante de trabajo y autogestión, sobre todo considerando las críticas a la autogestión, no significa que haya dejar de intentarlo. El desafío es seguir probando salidas, o poder pensar más en el fin del capitalismo que de mundo. No dejarse ganar por el pragmatismo:

“Tras la coartada de un supuesto realismo y la exigencia de “propuestas concretas” se esconde un chantaje ideológico: la justificación para defender el orden existente (…) En cada discurso conformista subyace una necesidad de garantías que expresa brillante, aunque tímidamente, la incapacidad de pensar más allá de lo existente. Ese más allá no es irreal, surge de este mismo mundo, de sus contradicciones, de la acción social revolucionaria. El reformista y conformista de hoy llamaría sectario y utópico a quienes en el pasado lucharon por lo que él hoy mismo defiende y supone eterno. El conformista ignora la historia”.

Cuadernos de Negación N°12, página 26.

 

 

Referencias

  • El primer punto de vista está basado en ideas procesadas por Sebastián Lozano y Patricio Bascuñán en Revista Anagénesis N°8, 2018.
  • La crítica a la autogestión está basada en ideas esgrimidas en el N°12 de Cuadernos de Negación, 2018.
  • Los datos de salud de Huasco fueron publicados en El Diario de Atacama, 27 de agosto 2019. Página 5.

Las reflexiones en torno a las ideas propuestas fueron desarrolladas por la mesa conformada por Fernanda Vicente Rivera y Sergio Guerra, y moderada por Tania González, que también fueron retroalimentadas por las preguntas y comentarios del pú

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