Rómulo y Rémora

Por David Ortiz.-

El otro día me fumé un caño con dos grandes amigos: Jesús y Jim Morrison. Lo fumamos en una carpa gitana en medio del desierto del Sinaí. Lo estábamos pasando re bien, comíamos uvas y recreábamos la vista viendo bailar la danza del vientre a unas comadres que Jim había conocido el día anterior en una caravana venida desde Galilea.

Entre las risas y chistes que contaba mi amigo Jesús, se nos olvidó por completo el momento más tenso de la jornada. Jesús se había cansado de oír tantas veces a Jim decir “¡Soy el rey lagarto! ¡Soy el Rey Lagarto!”, y en un loco arranque le dijo que se estaba hartando de que repitiera esa maldita frase. A Morrison se le había subido el vino a la cabeza y no dudó en decirle que él también estaba cansado de oírlo repetir tantas veces: “Soy el mesías, Soy el mesías”, casi se van a los puños, pero gracias al cielo andaba con buena hierba como para reconciliarnos con una pitiadita. Hierba que me regaló un amigo persa que es rey mago y que siempre consigue buena mano en Mesopotamia, adoro que haga esos regalos.

Mientras tanto, las amigas de Morrison ya estaban prendidas con el vino que Jesús trajo para la ocasión, y sus rostros hermosos de veinte años no paraban de sonreír. En este contexto había un detalle bastante fome: no teníamos música. Por suerte andaba con plata en el celu, así que invité a unos amigos reggae, que se ganan la vida tocando en las calles de Jerusalem.

Se demoraron un poco en llegar desde la capital, ya que no había micros hasta desierto. Tuvieron que arrendar un dromedario en un rent a car-mello. Llegaron y estaban súper motivados, cuando notaron que estaba Jim vacilando conmigo se emocionaron caleta, y se pusieron a tocar Light my fire en versión hindú, en ese momento las hebreas desconocidas y bellas se levantaron al unísono, se desvistieron y nos electrificaron con movimientos calurosos y delicados. Su piel sudaba y la sensualidad de sus cuerpos se iluminaba con el brillo de las lámparas de mirra. El aire transportaba sus feromonas que llenaron mis pulmones e hicieron reventar mi corazón en deseo. En medio de la escena mis ojos inyectados en sangre no dejaban de sonreírle a la vida y la eternidad, complaciéndose e implosionando en lo más sublime del deseo y el placer.

La música paró, una sirena sonó muy fuerte, era como la de los pacos. La razón: a un vecino le molestó el ruido y nos sapeó con los romanos, quienes llegaron raudos en un retén móvil desde la primera comisaría de Judea.

No me quedó claro cuáles eran los vecinos que los llamaron, ya que estábamos en medio del desierto y no había ninguna casa ni carpa en cien kilómetros a la redonda. Le pedí a Jesús que me explicara la situación y él me respondió con una enigmática una parábola:

-El ojo del tigre es más profundo que el del horizonte, una garra llena de sangre un vino salado. Recuerda que el misterio de la vida, se esconde en las rayas del tigre de Bengala.

(Silencio sepulcral)

Pasó por lo menos un minuto en que nadie dijo palabra alguna, y luego Jesús se despidió de la siguiente manera:

-Ya loco te dejo, tengo que ir a hacer. Además estos romanos ya me tienen fichao’. ¿Te conté que soy profeta y anarquista? Nos vimos, cuídate. Los amo a todos.

Luego Jesús atravesó una pared de la carpa gitana de modo inexplicable,  y escuchamos sonar algo así como un motor. Como ya no estaba Jesús, que era el más lúcido entre los ebrios y volados del carrete y en mi calidad de dueño de casa-carpa; me vi en la responsabilidad de hablar con los romanos. Jim empezaba a comerse dos hebreas ebrias, mis amigos reggae comían cocadas y leían algo que Jesús había escrito en una servilleta. Las demás israelitas que no estaban tirando con Jim cuchicheaban algo en arameo. Los romanos estaban afuera de la carpa gritando en latín:

-¡Se acabó el webeo! ¡En nombre del César, salga o le sacamos un parte!

Yo no le pego mucho al latín, pero entendí al toke lo que me dijeron, y salí a dialogar:

-Perdón señores, creo que se equivocaron de domicilio porque acá no hay ningún carrete, esto es…¿cómo decirlo?…algo más espiritual y suprasensitivo, algo que despierta una chispa de divinidad en otro plano de realidad haciéndonos caer en el inconmesurable vacío cósmico de la toma de consciencia en lo infinito ¿me entienden?

Los romanos se cagaron de la risa, mientras con sus linternas iluminaban mis ojos rojos.

-Mire cabrito, estos universitarios ya nos tienen las weas hinchás. Se aprovechan de sus papás que le pagan esas carreras de técnico carpintero o ingeniería en sometimiento de pueblos de medio oriente o antisemitismo romano y eurocéntrico, ¡Ay mi Júpiter! ¿Que irá a pasar con el futuro de Judea y de Roma entera? Estoy shato de todos estos Jipis, Rasca faris, Pokemones, Cristianos, Gnósticos y todas esas webadas raras que han salido ahora, y usté me sale con eso de que “no es un carrete”, JAJjjaJJa, explíquemelo mejor, mire que no le entendí nada recién.

-Bueno señor romano, le digo lo que es: ¡¡¡¡Es un Sueño, romano hijo de la gran puta loba y los putos rómulo y remo!!!! Romanamerican Dream!! Chúpenla!!!

Desperté en un calabozo, con la cabeza hinchada.

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